viernes, 9 de enero de 2015

Llamadme por mis verdaderos nombres

Por Thich Nhat Hahn*

No digas que partiré mañana
porque todavía estoy llegando.

Mira profundamente: llego a cada instante
para ser el brote de una rama de primavera,
para ser un pequeño pájaro de alas aún frágiles
que aprende a cantar en su nuevo nido,
para ser oruga en el corazón de una flor,
para ser una piedra preciosa escondida en una roca.

Todavía estoy llegando para reír y llorar,
para temer y esperar,
pues el ritmo de mi corazón es el nacimiento y la muerte de todo lo que vive.

Soy el efímero insecto en metamorfosis
sobre la superficie del río,
y soy el pájaro que cuando llega la primavera
llega a tiempo para devorar este insecto.

Soy una rana que nada feliz
en el agua clara de un estanque,
y soy la culebra que se acerca
sigilosa para alimentarse de la rana.

Soy el niño de Uganda, todo piel y huesos,
con piernas delgadas como cañas de bambú,
y soy el comerciante de armas
que vende armas mortales a Uganda.

Soy la niña de 12 años
refugiada en un pequeño bote,
que se arroja al mar
tras haber sido violada por un pirata,
y soy el pirata
cuyo corazón es incapaz de amar.

Soy el miembro del Politburó
con todo el poder en mis manos,
y soy el hombre que ha de pagar su deuda de sangre
a mi pueblo, muriendo lentamente
en un campo de concentración.

Mi alegría es como la primavera, tan cálida
que abre las flores de toda la Tierra.
mi dolor es como un rio de lágrimas,
tan desbordante que llena todos los Océanos.

Llámame por mis verdaderos nombres
para poder oír al mismo tiempo mis llantos y mis risas,
para poder ver que mi dolor y mi alegría son la misma cosa.

Por favor, llámame por mis verdaderos nombres
para que pueda despertar
y quede abierta la puerta de mi corazón,
la puerta de la compasión.thich-nhat-hanh

*Thich Nhat Hahn, maestro Zen nacido en la región de Vietnam Central el 11 de Octubre de 1926, monje budista desde hace más de cuatro décadas y activista por la paz, nominado para el Premio Nobel por ese motivo. Refugiado político en Francia desde 1972, por su combate pacífico, empezado durante la guerra de Vietnam 

miércoles, 7 de enero de 2015

Mirar con nuevos ojos

A veces, la vida nos pone en un lugar donde es necesario mirar con nuevos ojos, mirar aquellos aspectos de nuestras vidas que nos resultan habituales, conocidos; pero que ya es tiempo de soltarlos.
Entonces, uno debe mirar y darse cuenta de qué es lo que debe continuar y qué debe soltar y dejar ir. 
Estas cuestiones pueden ser pensamientos, hábitos, sentimientos, apegos, et; y para poder darnos cuenta qué necesito soltar y qué sostener, podemos preguntarnos:
-¿Esto me limita o libera?
-¿Esto eleva o disminuye mi energía vital?
Claro que esto no resulta tan fácil, pues soltar esos pensamientos, hábitos, sentimientos, apegos, etc, deja espacios vacíos que necesitamos aprender a llenar con algo nuevo, más creativo, y que tenga que ver con lo que realmente necesitamos en esta etapa de nuestras vidas. Muchas veces nos aferramos a lo viejo porque nos da seguridad, pero también nos limita, nos ata.

Personalmente, no me resulta fácil este planteo interior pues me saca de mi estado de "comodidad"; pero a la vez, estoy comprometida con mi crecimiento y desarrollo personal; por ello, lo tomo como desafío cuando la vida me presenta situaciones donde debo aprender a "ver" con nuevos ojos.
Desde que sentí el despertar de mi ser interior, vengo soltando viejas formas de vivir, de pensar, de sentir, de creer, de relacionarme, que han significado mayor libertad en mi caminar por la vida. Pero esto es un proceso constante, la vida nos va presentando situaciones para pulirnos, para que aprendamos a soltar y abrirnos a algo nuevo y desconocido. Entonces, miramos con nuevos ojos lo que nos sucede, la complejidad de nuestra condición humana, miramos cómo respondemos a ciertas situaciones, y así, crecemos en conocimiento de uno mismo.

Miramos afuera, si, para comprender qué sucede dentro de nosotros con aquello que sucede fuera => ¿qué me pasa a mi con esto que pasa?
Cuando nos quedamos apegados en la idealización o en la crítica, solo miramos afuera; y esto nos distrae de lo esencial, que es conocernos a nosotros mismos. No nos confundamos, y seamos conscientes cuando caemos en esta trampa; muy humana por cierto, pero que no nos permite avanzar y crecer.

Con nuestras creencias creamos nuestro mundo, de ahí que es necesario revisarlas cada tanto, y abrirnos a la posibilidad de recrearlas.
Mantenernos Despiertos nos alerta para que nuestras creencias mentales no nos distraigan de experimentar directamente la Vida, tal como se nos presenta en cada instante.

Elegir en qué direccionamos nuestra energía vital basándonos en estas dos preguntas => ¿me limita o libera?, ¿eleva o disminuye mi energía vital?, nos ayudará a vivir más libres, y generará condiciones que renovarán nuestra creatividad. ¡Así sea para muchos! 

martes, 6 de enero de 2015

Recibe bendiciones con ésta oración «Magníficat» Lc 1, 46-55

CÁNTICO DE LA VIRGEN MARÍA:
«Magníficat» (Lc 1, 46-55)

Alegría del alma en el Señor
.
46Proclama mi alma la grandeza del Señor,
47se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
48porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
49porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
50y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
51Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
52derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
53a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
54Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
55-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Fuente: http://www.franciscanos.org/oracion/canticomagnificat.htm 

viernes, 2 de enero de 2015

El árbol generoso


Había una vez un árbol... Y el árbol amaba a un niño... Y el muchacho venía todos los días y tomaba sus hojas, y con ellas hacía coronas e imaginaba ser el rey del bosque... Y trepaba por el tronco... Y se colgaba de sus ramas... Y comía manzanas... Y jugaba al escondite... Y cuando se cansaba se dormía a la sombra... Y el muchacho amaba muchísimo al árbol... Y el árbol era feliz... Pero el tiempo pasaba... Y el muchacho crecía... Y el árbol, con frecuencia, estaba sólo...

 Un día, el muchacho se acercó al árbol, y éste le dijo:
— Ven, muchacho, trepa por mi tronco y colúmpiate en mis ramas y come manzanas y juega a mi sombra y sé feliz...
— Soy demasiado grande para trepar y jugar —dijo el muchacho—. Necesito dinero. ¿Puedes darme un poco de dinero?
— Lo siento —dijo el árbol—, pero no tengo dinero. Sólo tengo unas hojas y manzanas. Toma las manzanas, muchacho, y véndelas en el mercado de la ciudad. Entonces tendrás dinero y serás feliz...


 En seguida el muchacho subió al árbol, tomó sus manzanas y se las llevó. Y el árbol fue feliz... Y el muchacho se alejó. Se fue muy lejos sin poder ver al árbol... Y el árbol estaba triste...

 Y un buen día, el muchacho volvió... Y el árbol se estremeció de alegría y dijo
— Ven, muchacho, y trepa por mi tronco y colúmpiate en mis ramas y... se feliz.
— Estoy demasiado atareado —dijo el muchacho— para trepar por tu tronco. Necesito una casa para cobijarme. Necesito calor como el comer. Quiero una esposa, quiero tener hijos y por eso necesito una casa.
— Yo no tengo casa —dijo el árbol—. El bosque es mi casa. Pero tú puedes cortar mis ramas y construir una casa. Entonces serás feliz...


 Y el muchacho cortó sus ramas... Las llevó para construir una casa... Y el árbol era feliz... Y el muchacho se fue lejos y no pudo ver al árbol por mucho tiempo...

 Y cuando el muchacho regresó..., el árbol no podía ni hablar, embargado por la emoción.
— Ven, muchacho —balbuceó—, ven a jugar.
—Soy demasiado viejo y asediado por la tristeza para jugar —dijo el muchacho—. Necesito un barco que me lleve muy lejos de aquí. ¿Me puedes dar un barco?
— Corta mi tronco y fabrica un barco —dijo el árbol—. Luego podrás navegar hasta playas lejanas... y serás feliz...

 Y el árbol era feliz..., aunque no enteramente... Le faltaba compañía... Y después de mucho tiempo..., el muchacho regresó de nuevo.
— Lo siento, muchacho —dijo el árbol— pero no me queda nada... Mis manzanas desaparecieron.
— Mis dientes son demasiado débiles para comer manzanas —dijo el muchacho—.
— Mis ramas... han desaparecido —dijo el árbol—. Ya no puedes columpiarte en ellas.
— Soy demasiado viejo para columpiarme en ellas—dijo el muchacho—.
—Mi tronco ha desaparecido —dijo el árbol—. Ya no puedes trepar.
— Estoy demasiado cansado para trepar —dijo el muchacho—.
— Lo siento—sollozó el árbol—. Quisiera darte algo... Pero ya no me queda nada. Sólo un tronco. Lo siento...
— Ahora necesito muy pocas cosas —dijo el muchacho—. Sólo un lugar tranquilo para sentarme y descansar... Estoy demasiado cansado...
— Bueno —dijo el árbol enderezándose todo lo que pudo con gran esfuerzo—.
— Bueno, siéntate. Un viejo tronco sólo sirve para asiento y descanso... Ven, siéntate.

 Y el muchacho lo hizo... Y el árbol era feliz.

Cuento de Zel Sillberstein




En el CAMINO, 
somos peregrinos en torno al ÁRBOL de la VIDA. 

Texto enviado por Nidia Orbea