jueves, 29 de mayo de 2014

Sobre el libro "Caminar en pareja"

Una mirada amorosa - María Guadalupe Buttera
Autor: Flavia Dolce 
Lic. en Comunicación - UNLAM
flaviadolce@gmail.com
Caminar en pareja.

Ante la inminencia de un viaje con mi pareja que representaba una convivencia de veinticuatro horas durante casi un mes, decidí llevar en el bolso un libro que funcionara como refuerzo para aquellos momentos en que siento que voy a tirar la toalla. Convengamos que son pocas las parejas que hacen todo juntas; no me encuentro dentro de esa excepción y estas semanas serían para mí un desafío.
Por eso elegí Caminar en pareja, de la siempre confiable María Guadalupe Buttera. Esta psicóloga social, además de los numerosos libros que publicó –muchos de ellos editados por San Pablo–, coordina talleres de reflexión y es especialista en crecimiento y desarrollo personal. Sin ahondar en detalles debo decir que la elección fue un acierto total.
Como ya es un costumbre de la autora, el libro está divido en tres ejes, los cuales contienen capítulos cortos que abordan distintas miradas del camino de una pareja. Y digo “camino” porque la idea base es que la pareja es un compañero de ruta. Los apartados incluyen, hacia el final, palabras para meditar (que hacen referencia a pasajes del Génesis) y una invitación a la reflexión por medio de preguntas que nos ayudan a cuestionarnos a modo de autoconocimiento, y nos hace detenernos a pensar qué sentimos en determinadas circunstancias.
Buttera marca cuatro pilares que son fundamentales en todo vínculo: respeto, diálogo, confianza y colaboración. A través de esta primera base recorreremos las páginas repletas de consejos y de una mirada conciliadora. ¿Cómo crece y evoluciona una pareja? ¿De qué sirve tener en cuenta a las relaciones pasadas? ¿Podemos integrar esas vivencias a nuestra relación actual? ¿Qué es el mito de la Cenicienta y en qué perjudica a hombres y mujeres? ¿Compromiso afectivo con uno mismo es sinónimo de egoísmo? Son preguntas que nos haremos y que la autora develará sin tardanza.
Caminar en pareja nos habla, en definitiva, del amor. Hay que expresarlo, dice Buttera, en cosas simples como un mensaje amoroso, una caricia, un abrazo o un beso. El lema de la autora es “mirar al otro con aceptación, sin querer cambiarlo”. Difícil tarea, pienso en voz alta. A esta altura de mi itinerario ya pasé por momentos de “lo tiro por la ventanilla”, “qué habré hecho para merecer esto” y “¿cuándo se acaba el martirio?”. No queda otra, hay que hacer una profunda inspiración, mirar a los ojos para reencontrarnos y continuar el camino.
Encontraremos referencias a la dinámica del mundo interno y la búsqueda de la armonía como aceite para que funcionen los engranajes a la perfección. “Si nuestras partes internas se vinculan con armonía podremos establecer vínculos sanos”, nos enseña la autora. Buttera reflexiona sobre la relación con los padres y la necesidad de tomarlos tal cual son, un tema que parece obsesionarla ya que aparece de manera recurrente en varios de sus libros. Además, habla de la vida sexual de las parejas y la necesidad de vivirla con plenitud.

Encuentro la calma, vital condimento de las relaciones y uno de los ejes del sube y baja de todo vínculo. Estoy en pleno viaje de regreso ¡y no perdí a mi pareja en el intento! A prestar atención, querido lector, y valorar cada sabia palabra del libro.

Por Flavia Dolce 
Lic. en Comunicación - UNLAM
flaviadolce@gmail.com

FUENTE: Revista on line SAN PABLO 

martes, 27 de mayo de 2014

La memoria de nuestro árbol genealógico

Se refleja en nuestro cuerpo                                                   

por Alejandro Jodorowski         
Nuestro cuerpo refleja los problemas o enfermedades heredadas del árbol.
Hemos de  tener en cuenta que en cada zona corporal conviven tres informaciones:
1.-La memoria de nuestro árbol genealógico
2.-La memoria biográfica personal
3.-Los mensajes que el sabio interior nos envía a través del cuerpo

1.- La memoria de nuestro árbol genealógico 
La familia está viva en la piel, en el cuerpo, está hablando. Hasta tal punto que podemos reconocer a nuestro árbol por la huella que este ha dejado en nosotros…

2.-La memoria biográfica personal 
Desde la manera en la que somos concebidos, hasta el efecto que nos ha causado la regaña del jefe, pasando por el tipo de parto, como nos han acariciado de niños, todo queda escrito en el cuerpo. 
Por ejemplo, consideramos que el peso de la culpa se asienta en la parte alta de la espalda y los traumas infantiles en los pies. La piel es un gran lienzo en la que queda escrita la historia de nuestras relaciones con el mundo.

3.- Los mensajes que el sabio interior nos envía a través del cuerpo 
Nuestro cuerpo es el mapa físico de nuestra conciencia, un fiel reflejo de cómo funcionamos en las distintas áreas de la vida. Cualquier síntoma físico es una oportunidad para hacernos conscientes de que hay un área en nuestra vida que necesita atención.

El cuerpo en su totalidad se inclina al andar: hacia atrás o hacia delante Estaremos huyendo del pasado si caminamos inclinándonos ligeramente hacia delante. Si nos inclinamos hacia atrás al andar tenemos miedo a entrar en la vida.

La cabeza también puede simbolizar al padre y a todos los ancestros varones. Caminar con la cabeza por delante es igual a no reconocer nuestros deseos, andamos refugiados en el intelecto.

Los tumores cerebrales tienen que ver con los secretos escondidos del árbol. Las migrañas con las retenciones sexuales.

Los ojos como conjunto son de carácter masculino.
El ojo derecho es el intelectual, el racional. El izquierdo es el del corazón, el ojo profundo, el de la receptividad.

La boca y las orejas simbolizan el linaje materno (son receptivas). La sordera en el oído izquierdo puede ser algo que no quiero escuchar del linaje femenino.

Los dientes picados son el resultado de la rabia no expresada.

La garganta es el canal de expresión y de creatividad. Tras una amigdalitis se esconde el miedo, las emociones reprimidas y la creatividad sofocada.

El pecho: aquí está la relación corazón-emociones. Si no nos han amado desarrollaremos un pecho endurecido e insensible.

Las manos son el símbolo de la elección. La mano derecha es el símbolo de la elección racional, sin fe. La izquierda es la intuitiva.

Las uñas son nuestras defensas simbólicas… ¿Heredamos uñas de mucho grosor?

La espalda: los problemas simbolizan que cargas a los padres. 
Si no nos acariciaron de pequeños podemos sufrir una desviación de columna. 
En la espalda se van archivando los conflictos no resueltos de nuestro pasado:
-En la parte lumbar está la conexión con nuestra sexualidad y creatividad (los padres)
-En la parte dorsal es la conexión con nuestra parte emocional (los abuelos en el árbol)
-En la parte cervical nos conectamos con nuestro intelecto (los bisabuelos)

El vientre: la madre y todo lo que “digerimos de la vida”.
Los problemas de estómago están asociados al miedo, a la angustia y la ansiedad.

La pelvis se conecta con la sexualidad y con nuestros padres. El miedo a la sexualidad puede traducirse en una pelvis movida hacia atrás.

Las rodillas nos muestran nuestra flexibilidad, nuestra adolescencia. Si vivimos encerrados en nuestro castillo, inflexibles, sufriremos con las rodillas.

Los pies simbolizan el territorio, conectados con nuestra hermandad. Cuando no estamos viviendo nuestra vida, caminamos como un ladrón sin hacer ruido. Si somos hijos de padres divorciados, o separados, las puntas de los pies se separan. 
Vivimos una época de regresión a la infancia cuando las puntas de los pies miran hacia dentro. Cuando los pies se inclinan hacia fuera nos señalan que no tenemos un lugar en el mundo.

Somos un espíritu que utiliza un cuerpo de vehículo para pasearnos por esta vida, pero él no es una carrocería inerte, cada célula contiene lo que fueron nuestros ancestros y lo que somos nosotros. Y no olvidemos lo que dice el proverbio chino: “Nada sienta mejor al cuerpo que el crecimiento del espíritu”.
A. Jodorowski

Otras reflexiones sobre este tema:
http://despertarycrecer.blogspot.com/2013/11/enfermedad-psicogenealogia-y.html

http://despertarycrecer.blogspot.com/2013/03/anne-ancelin-schutzenberger-una-de-las.html

http://despertarycrecer.blogspot.com/2011/01/mis-antepasados-me-duelen.html

http://despertarycrecer.blogspot.com.ar/2014/05/amor-infantil-que-enferma-y-amor-adulto.html

CARTA DE LIBERACIÓN DEL CLAN FAMILIAR
Puedes escribir esta carta a mano; luego la quemas y esparces las cenizas donde quieras.


Yo…(escribe tu nombre y apellidos) en este acto de mi puño y letra como regalo al clan al cual pertenezco y en el amor de Dios, les bendigo, pido perdón, me libero y libero a  mis padres, a todos mis antepasados, a mis hermanos, primos, etc.  y a mis hijos (aunque no los tengas), de todos los programas inconscientes, de cualquier ofensa que otro clan haya recibido del nuestro, pidiendo perdón en nombre del que ofendió; de posibles pérdidas económicas, de herencia, de asesinatos y muertes repentinas, violentas, enfermedades mentales y/o físicas, accidentes, violaciones, adulterios, hijos no deseados, hijos no nacidos, no reconocidos, incesto, abandonos, crueldades, suicidios, maldiciones, desarraigos, falta de amor, todo lo que ha afectado a mi clan y a otros a través del mío, trabajos forzados, esclavitud, guerras, todo aquello que fuera alguna vergüenza y limitación.
Los no dichos y toda memoria de dolor, para que ya no se siga perpetuando.
Para mi mayor Bien y el de todos los involucrados.

Espíritu Santo te entrego mi voluntad y me entrego a la Paz Divina Amén



Gracias, Gracias, Gracias que ya ha sido concedido!

sábado, 24 de mayo de 2014

El latido de la vida de todos los siglos

danza en este instante en mi sangre...

Torrente de Vida 

poema de Rabindranath Tagore

El mismo caudal de vida que corre, día y noche,
por mis venas, corre por el mundo y danza en
compás rítmico.
Es la misma vida que salta de gozo por el polvo de
la tierra, en innumerables briznas de yerba, que
irrumpe en tumultuosas olas de hojas y de flores.
Es la misma vida que se mece en el Mar, cuna del
nacimiento y la muerte, en flujo y reflujo.
Y siento que mi cuerpo se glorifica al contacto de
este universo de vida; y me lleno de orgullo,
porque el latido de la vida de todos los siglos,
danza en este instante en mi sangre.


martes, 20 de mayo de 2014

Integrar...

"En toda vida hay bastante de bueno y de malo -una buena medida de tristeza y de felicidad, de alegría y dolor, como para encontrar una base razonable que justifique el optimismo o el pesimismo. 
Uno mismo decide si va a reír o llorar, a bendecir o maldecir, la perspectiva que tendrá de la vida. Si mirará al cielo con esperanza o al suelo con desesperación.
La actitud optimista no es un lujo, sino una necesidad.
La manera en que uno mira la vida determina su estado de ánimo, cómo se desempeña en sus actividades y lo bien que se lleva con los demás.
Y a la inversa: los pensamientos, actitudes y expectativas pesimistas se nutren de sí mismos. Se vuelven profecías que por su propia naturaleza se cumplen.
El pesimismo crea un mundo deprimente en el que nadie quiere vivir.
Solo hay una cosa más fuerte que la actitud negativa: una actitud positiva"
María Fontaine


Link relacionados: 
http://despertarycrecer.blogspot.com/2012/12/todo-tiene-su-polaridad.html

http://despertarycrecer.blogspot.com/2013/05/al-integrar-las-dos-polaridades.html


http://despertarycrecer.blogspot.com.ar/2009/01/fsica-cuntica-y-amor-todo.html

miércoles, 14 de mayo de 2014

AMOR INFANTIL QUE ENFERMA y AMOR ADULTO QUE SANA

Por amor ciego e infantil podemos quedar atrapados en querer ser sanadores o salvadores de nuestros padres, y asi perdemos nuestro llamado a Ser, a dar a partir de poner en práctica nuestros propios dones y talentos, al servicio de la Vida. 

AMOR QUE ENFERMA y AMOR QUE SANA

Revista independiente Hellinger, Septiembre 2009

Muchas personas se imaginan que pueden, a través de una enfermedad o de su propia muerte, hacerse cargo del sufrimiento o de la culpa de otros miembros de su familia. También puede que enfermen, que se accidenten o incluso que se suiciden por anhelar reunirse con algún miembro de su familia, consiguiéndolo gracias a su propia muerte.
Las observaciones y comprensiones obtenidas gracias a las constelaciones y relatadas a continuación, ayudan  a penetrar las imágenes que enferman y a superarlas de manera sanadora.

El vínculo y sus efectos
Por destino, todos los miembros de una familia están vinculados a todos los demás miembros. Entre padres e hijos, este vínculo es el más potente. Actúa igualmente con fuerza entre los hermanos y en la pareja. Un vínculo particular, marcado por el destino, nace con aquellas personas que han liberado su sitio para otros en la familia, sobre todo con aquellas personas que han tenido un destino difícil. Es el caso por ejemplo entre los hijos de un segundo matrimonio del hombre y su primera esposa, cuando ella ha muerto en un parto.

Similitud y compensación
El vínculo provoca en los que nacen ulteriormente, los miembros más frágiles, una necesidad de retener al miembro más antiguo y más fuerte o, si ya ha muerto, la necesidad de seguirlo. El vínculo provoca también el impulso, en los que disfrutan de una “ventaja”, de parecerse a aquellos que sufren una “desventaja”. Así, los niños sanos quieren igualarse a sus padres enfermos y los niños inocentes a sus padres y ancestros culpables.
Este vínculo hace que las personas sanas se sientan responsables por las personas enfermas, así como las inocentes por las culpables, las felices por las infelices y las vivas por las muertas.
Aquellas personas que benefician de una ventaja con respecto a otras están a menudo dispuestas a poner en juego y a renunciar a su salud, a su inocencia, a su vida y a su felicidad a cambio de la salud,  inocencia,  vida y  felicidad de otros. Porque abrigan la esperanza de que, gracias a la renuncia a su propia vida y felicidad, conseguirán asegurar o incluso salvar la vida y felicidad de otros miembros de esta comunidad de destinos. Hasta esperan poder recuperar o reconstruir la vida y felicidad de otros miembros, incluso cuando estas vidas han sido perdidas hace tiempo y para siempre, y que todo ha acabado ya.
Debido al vínculo y al amor que lo acompaña, reina en la comunidad de destinos familiar y genealógica una necesidad irresistible de compensación entre la suerte de los unos y la desgracia de los otros, entre la inocencia  y la felicidad de los unos y la culpa y la desdicha de los otros, entre la salud de los unos y la enfermedad de los otros, entre la vida de los unos y la muerte de los otros. A raíz de esta necesidad y cuando un miembro de la familia ha sido infortunado,  quiere otro miembro de la familia ser igualmente infortunado. Cuando un familiar enferma o se vuelve culpable de algo, otro miembro familiar sano e inocente enferma o se vuelve culpable. Y cuando un familiar querido fallece, otro miembro vivo y próximo a él desea la muerte.
Así es como se alcanza, a través del vínculo y de la compensación, dentro de esta comunidad estrecha de destinos, un ajuste y una participación a la culpa, a la enfermedad, al destino y a la muerte de otros; así es como se llega al intento de pagar con la propia desgracia la salvación de otro, con la propia enfermedad la salud de otro, con la propia culpa o expiación la inocencia de otro, con la propia muerte la vida de otro.

La enfermedad obedece al alma
Mientras esa exigencia de igualdad y de compensación aspira a la enfermedad y la muerte, la enfermedad obedece al alma. Por esta razón, junto con una atención médica en el sentido literal, se necesita una atención dirigida al alma, sea por el mismo médico que sabe hacerse cargo de ambas, sea por un “terapeuta del alma” que proporcionará un apoyo al actuar médico. No obstante, mientras el médico se esmera en curar la enfermedad, el terapeuta del alma se mantiene más bien reservado, en el asombro frente a fuerzas con las que medirse le parece más bien  una presunción. 

“Mejor yo que tú”
En un trabajo de hipnosis, una mujer joven con esclerosis múltiple se vio de niña arrodillada delante de la cama de su madre paralítica. Y se acordó que, en aquel entonces, se comprometió diciéndole: “Querida Mamá, mejor yo que tú”. Para los otros participantes en ese trabajo, fue conmovedor ser testigos de cuánto un niño ama a sus padres y de cuánto la mujer estaba conforme consigo misma y con su destino. No obstante, una participante no pudo soportar ese amor que estaba dispuesto a hacerse cargo de la enfermedad, dolor y muerte de la madre. Le dijo pues, al animador del grupo: “¡Ojalá pudieras hacer algo para ayudarla!”
El animador se quedó sorprendido. ¿Cómo se atrevía alguien a tratar el amor de la niña como si fuera algo malo? ¿No era eso ofender el alma de la niña y más bien agravar su sufrimiento en vez de limitarlo? ¿No incitaría eso a la niña a ocultar más secretamente aún su amor y a aferrarse a su esperanza y a la decisión temprana de salvar a su madre con su propio sufrimiento?

El amor conocedor
Sacar a la luz el amor del niño es a menudo lo único que un facilitador consciente puede y tiene permiso de hacer.  Sea lo que haya cargado, motivado por ese amor, el niño se siente en acuerdo con su consciencia y se percibe como grande y bueno. Sin embargo si, con ayuda de un facilitador comprensivo, el amor del niño puede salir a la luz, tal vez surge también a la luz que la meta de este amor es inalcanzable. Porque es un amor que anhela conseguir, gracias a su sacrificio, sanar a la persona querida, como si pudiera protegerla de la desgracia, como si pudiera expiar su culpa y arrancarla de la infelicidad. A menudo, el niño tiene la esperanza de que puede hacer revivir la persona amada, cuando ya ha muerto.
Pero si, junto con el amor infantil, salen a la luz las metas infantiles, es posible que el niño ahora adulto tome consciencia de que no puede vencer la enfermedad y la muerte de otros con su amor y su sacrificio, sino que se tiene que posicionar frente a ellos con valentía y sin poder, y asentir a ellos tal y como son.
Al volverse visibles, las metas del amor infantil, así como los medios para alcanzarlos sufren un desengaño, porque pertenecen a una visión mágica del mundo que, frente al conocimiento de un adulto, pierde su consistencia. Sin embargo, el amor sigue existiendo y una vez visible, busca vías que den buenos resultados. Entonces, el mismo amor que causaba sufrimiento se mueve hacia  una solución buena, entendida, y de esta forma detiene lo que enferma, mientras es posible. Aquí es posible que el médico y otros terapeutas indiquen direcciones oportunas, pero únicamente si el amor del niño, visto y respetado por ellos, puede mantenerse a la luz y dedicarse a algo nuevo y mayor.

“Yo por ti”
Podemos reconocer con frecuencia, como origen de una enfermedad peligrosa para la vida, una decisión del niño frente a una persona amada: “Mejor desaparezco yo en tu lugar”. La decisión de la niña anoréxica es : “ Mi querido Papá, mejor desaparezco yo en tu lugar”. En nuestro ejemplo de la esclerosis múltiple, la decisión era: “Querida Mamá, mejor desaparezco yo en tu lugar”. Una dinámica similar se daba anteriormente en la tuberculosis, y lo mismo en el suicidio y los accidentes mortales.

“Aún que te vayas, yo me quedo”
Ahora bien, si esta dinámica surge a la luz durante la entrevista con el enfermo, ¿cuál sería la solución que ayuda y que sana? Como en toda descripción buena de un problema, la solución se encuentra incluida en la descripción, y ya activa durante la descripción. Ella empieza cuando la frase causante de la enfermedad es dicha y afirmada por el cliente, con toda la fuerza de su amor para la persona amada, y mirándole a los ojos: “mejor desaparezco yo en tu lugar”. Es importante en ese caso, dejar que se repita la frase las veces que sean necesarias, hasta que la persona querida sea vista como diferente de uno y, a pesar del amor, percibida y reconocida como separada del propio Yo. De lo contrario, la simbiosis y la identificación se mantienen y tanto la diferenciación sanadora como la separación fracasan.
Cuando el decir amoroso de la frase se logra, se dibuja una frontera no sólo alrededor de la persona querida sino también alrededor del propio Yo del cliente, distinguiendo así el destino del uno y del otro. La frase obliga a ver no sólo el propio amor sino también el amor de la persona querida. Obliga a reconocer que aquello que el cliente quiere hacer por la persona amada la carga más de lo que la ayuda.
Entonces llega el momento de decir una segunda frase a la persona querida: “Querido padre, querida madre, querido hermano – o quien sea – aunque tu te vayas, yo me quedo”. A veces, cuando la frase se dirige al padre o a la madre, el cliente puede añadir: “Querido Papá, querida Mamá, bendíceme si me quedo, aunque tú te vayas”.
Un ejemplo. El padre de una mujer tenía dos hermanos discapacitados. Uno era sordo, el otro sicótico. Se sentía atraído por ellos, a compartir sus destinos por fidelidad, porque no aguantaba su propia felicidad al lado de su infelicidad. Pero su propia hija se dio cuenta del peligro y saltó en la brecha para él. Representándolo a él, se posicionó con los hermanos y le dijo a su padre, en su corazón: “Querido Papá, mejor voy yo hacia tus hermanos que tú” y “Querido Papá, mejor comparto yo su infelicidad que tú”. Se volvió anoréxica. Pero ¿cuál sería la solución para ella? Podría, aunque sea interiormente, decir a los hermanos del padre: “Bendecid, por favor, a mi padre si él se queda con nosotros, y bendecidme si me quedo con él”.

“Te sigo”
Detrás del impulso de los padres para alejarse, que el niño intenta impedir con la frase “Mejor yo que tú”, hay a menudo otra frase. La dicen como niño de sus padres o hermano de sus hermanos, cuando éstos han muerto prematuramente o han sido enfermos graves o discapacitados. La frase es: “Te sigo” o mejor “Te sigo en la enfermedad” o “Te sigo en la muerte”.
En la familia pues, actúa en primer lugar la frase: “Te sigo”. Es una frase de niño. Cuando estos niños se vuelven padres a su vez, sus hijos les impiden llevarla a cabo diciéndoles: “Mejor yo que tú”.

“Viviré un poco más”
Cuando surge a la luz, como trasfondo de una enfermedad grave o de un accidente o de una tentativa de suicidio, la frase “Te sigo”, la solución buena y sanadora sería aquí también que el niño pronunciase y afirmase con toda la fuerza del amor que lo anima, mirando a los ojos a la persona querida, la frase: “Querido padre, querida madre, querido hermano –o quien sea – yo te sigo”. Es importante permitir que el niño repita la frase tantas veces como sea necesario hasta que la persona amada sea vista como otra, percibida y reconocida, a pesar de todo el amor, como separada del Yo del niño. Entonces éste se da cuenta que su amor no puede traspasar la frontera entre él y la persona muerta, y que aquí tiene que detenerse. Esa frase obliga a tomar consciencia tanto del amor de uno como del amor de la persona amada, y de esta forma comprender que ella lleva y cumple más fácilmente con su destino cuando nadie, y menos su hijo, allí la sigue.
Entonces el niño puede añadir una segunda frase a la intención del muerto querido, la que realmente lo libera de las consecuencias nefastas de su compromiso: “Querido padre, madre, hermano, tú estás muerto, yo aún vivo, y luego moriré” o “Cumplo con lo que me es regalado mientras perdura. Luego moriré”.
Cuando el niño ve que su padre o su madre quiere seguir en la enfermedad o la muerte a alguien de su familia de origen,  tiene que decir: “Querido padre, querida madre, aunque te vayas, yo me quedo” o “Aunque te vayas, te honro y eres para siempre mi padre, mi madre” o cuando uno de los padres se ha quitado la vida “Me inclino ante tu decisión y tu destino. Eres para siempre mi padre, mi madre y yo soy para siempre tu hijo”.

Esperanza que enferma
Ambas frases “Mejor yo que tú” y “Te sigo” se dicen con buena consciencia y sentimiento de inocencia, y así se llevan a cabo. El ejemplo de héroes confirman la creencia y la esperanza del niño de que puede hacerse cargo para otros de la enfermedad, infortunio y muerte que les toca. O de que puede pagarle a Dios y al destino igual por igual, liberar a otro de la enfermedad y del dolor con su propia enfermedad y dolor y arrancarle a la muerte gracias a su propia muerte. O de que puede, si no le resulta ese salvamiento, volver a encontrar a la persona amada que le ha sido arrancada por la muerte, a través de su propia muerte. Así es como cree que la muerte de ambos los reúne.

El amor que sana
Sanación y salvación se encuentran, en estas intrincaciones, más allá del actuar médico y terapéutico. Exigen un cumplimiento religioso, una conversión a algo más grande que alcanza más lejos que el pensamiento mágico y el deseo, y les quita su poder. A veces puede el médico o el terapeuta preparar y apoyar un cumplimiento de esa índole. Pero no está en su poder imponerlo y no sigue, como el efecto la causa, un método. Cuando se da, exige lo máximo y se vive como gracia.

La enfermedad como expiación
Otra dinámica que lleva a la enfermedad y al suicidio, al accidente y a la muerte es el afán de expiación por una culpa. A veces, es visto como culpa lo que fue inevitable y que nadie pudo influenciar, como un malparto, una discapacidad o la muerte precoz de un niño. Entonces, ayuda mirar a los muertos con amor, enfrentarse al duelo y dejar en paz lo que ya pasó. También se vive como culpa cuando la persona vive una fatalidad que ha significado un daño para otro y que le ha dado a ella una ventaja, la salvación o la vida incluso. Sería el caso de un niño cuyo nacimiento ha llevado a la muerte de la madre.
Existe también la culpa real, la culpa que pide una responsabilidad personal, como por ejemplo el abandono o el aborto de un niño sin que haya una necesidad real, o el exigir o provocar, sin escrúpulos, algo terrible a alguien.
Estas culpas son en aquel momento redimidas gracias a la expiación, pagando con el daño propio el daño hecho, “liquidando” la culpa con la expiación y de esta forma compensarla, así se cree.
Estos acatamientos tan malsanos para todos los afectados están incentivados por la enseñanza religiosa y el ejemplo, en parte a través de la creencia en un sufrimiento y una muerte liberadores, en parte por la creencia en la purificación del pecado y de la culpa por el autocastigo y el sufrimiento aparente.

La compensación por expiación trae sufrimiento doble
La expiación alimenta nuestra necesidad de compensar. Pero cuando la compensación se busca a través de la enfermedad, del accidente o de la muerte, ¿qué es lo que realmente se alcanza? Pues resulta que en vez de un solo perjudicado hay dos, en vez de un muerto hay dos. Peor aún. Para la víctima del daño, la expiación significa un daño doble y una desgracia doble porque a través de su desgracia otra desgracia es fomentada, a través de su daño otro daño crece, y  su muerte provoca otra muerte.
Algo más es de notar. La expiación es barata. En el pensamiento mágico y sus consecuencias, se reduce la sanidad del otro a la desgracia propia únicamente, como si el sufrimiento propio bastara para salvar al otro. Lo mismo acontece con respecto a la expiación: se cree que sufrir y morir son lo suficiente, sin tener que tomar en cuenta la relación, sin que el otro sea visto y sin sentir pena por  su desgracia, sin que, con su acuerdo y su bendición, algo pueda ser obrado para otros (a modo de reparación).
En la expiación, se paga algo con la misma moneda; el actuar es remplazado por el sufrimiento, la vida por la muerte, y la culpa por la expiación de modo que aquí también bastan el sufrimiento y la muerte, y no hay ni acción ni logro.
Con las frases “Mejor yo que tú” y “Te sigo”, el sufrimiento y la enfermedad y la muerte se hacen más grandes, también con la expiación cuando se lleva a cabo.
Un niño cuya madre fallece en el parto se siente siempre culpable frente a ella, porque ha pagado ella con su muerte por la vida del hijo. Ahora bien, si el niño expía, dejándose decaer, es decir que se niega a tomar su vida al precio de la muerte de su madre, o que quizá incluso se quita la vida, entonces la desgracia de la madre es doble. Entonces, la vida que ella le brinda, su amor y su disposición a darle todo no son respetados por el niño. Su muerte es de balde, y peor, en vez de vida y felicidad sólo queda infelicidad, y en vez de un muerto hay dos muertos.
Si queremos ayudar a un niño en esta situación, debemos mantener presente que él siente tanto un deseo de expiación como un deseo de “Mejor yo que tú” y “Te sigo”. Por lo tanto, podremos trabajar con el primer deseo cuando se logre una solución incluyendo estas dos frases.

La compensación gracias al tomar y al actuar pacificador
¿Cuál sería una solución acorde con la madre y el niño? El niño debe decir: “Querida Mamá, tú has pagado un precio tan alto para mi vida, no puede ser en vano. Haré algo bueno con ella, en tu recuerdo y en tu honor”.
Luego pues, el niño debe actuar en vez  de lamentar, dar de sí en vez de fracasar, vivir en vez de morir. Entonces se encuentra vinculado a su madre con un amor mucho más profundo que si la sigue en la desgracia y la muerte.
En la medida en que el niño se funde simbióticamente en la madre, se encuentra ciego y sordo, atado a ella. Pero si, en recuerdo a ella y a su muerte, se esmera para algo que incentiva la vida, si toma su vida como un regalo grande y la comparte con otros, está vinculado a su madre de una forma diferente y se ve amablemente ante ella. Tomando y realizando su vida así, abarca a su madre en su mirada y la lleva en su corazón. Entonces fluyen de madre a hijo bendiciones y fuerza, porque él hace por amor a ella algo especial de su vida.
A la diferencia de la compensación por expiación, que sólo es una compensación por el mal, por daño y muerte, ésta sería por bien. A la diferencia de la compensación por expiación, que es barata y dañina, sin reconciliación posible, ésta es de alto precio. Sin embargo, trae bendiciones y permite que la madre y el hijo se reconcilien con sus destinos respectivos. Porque lo bueno que este niño realiza en recuerdo a su madre, acontece gracias a ella. Su participación a través del hijo la hace vivir y tener efecto más allá.
Esta compensación surge de la comprensión de que nuestra vida es única y que, a medida que transcurre, hace sitio para lo que viene y que, aunque ya pasada, sustenta el presente.

La expiación como sustituto para la relación
Con la expiación, evitamos enfrentarnos a la relación, aprovechando gracias a ella para tratar la culpa como un objeto, pagando el daño con una contrapartida que nos cuesta algo. Pero ¿qué puede esta expiación si he dañado a alguien, si lo he precipitado en la infelicidad, si le he provocado perjuicios irreparables en vida o en cuerpo? Descargarme con la expiación, haciéndome daño a mí mismo, lo consigo hacer únicamente cuando pierdo de vista al otro. Porque si lo miro, me corresponde reconocer que con la expiación quiero apartar lo que aún es necesario.
De hecho, esto se aplica también a la culpa personal. A menudo, una madre busca expiar por un aborto o por la muerte de un hijo consecutiva a una enfermedad, renunciando por ejemplo a la relación con el padre del niño, o renunciando a toda futura relación. La expiación por una culpa personal transcurre a menudo a nivel inconsciente, contraria a la negación o la justificación por la buena consciencia.
También  puede surgir en la madre, a parte de la necesidad de expiar, el deseo de seguir al niño muerto, igual que el niño quiere seguir a su madre muerta. Pero  un niño muerto, incluso por culpa de la madre, puede que le dice “Mejor yo que tú”. Ahora, si la madre expía con la enfermedad y la muerte, la muerte del hijo por amor a ella fue en vano.
La solución pues, en la culpa personal, es remplazar la expiación por un actuar reconciliador. Esto sucede cuando miro a los ojos a la persona a la que he dañado por injusticia, a la que he exigido o causado algo terrible -  como una madre lo puede hacer con el hijo abortado o negado o abandonado -  y le digo: “Lo siento” y “Te doy ahora un lugar en mi corazón” y “Lo haré mejor, lo mejor que pueda” y “Tu participas en lo bueno que realizo recordándote y teniéndote en mi mirada”.
Entonces, la culpa no habrá sido inútil, y lo bueno que la madre – o quien sea – realiza en recuerdo al niño y mirándole, acontece con el niño y gracias a él. Él participa y permanece vinculado a su madre y sus acciones durante un tiempo más.

En la tierra la culpa tiene un fin
Una cosa más es de notar con respecto a la culpa. Ella acaba, y tiene derecho a acabar. Es pasajera, como todo lo que existe en la tierra, y que después de un tiempo termina.

"permaneced en mi amor"
Jn 15,9


"Todos los sucesos trágicos en las familias se deben a que un miembro posterior atenta contra el orden de origen. Es decir, cuando alguien se arroga un derecho que es de un integrante anterior. Este sería el caso de un hijo que intenta expiar una culpa en lugar de sus padres, o que padece, en otro contexto, las consecuencias de una culpa de los padres; eso sería una arrogación. Pero el hijo no se da cuenta de esta arrogación, ya que actúa por amor. No escucha ninguna voz en su conciencia que le advierta del peligro. Por eso, todos los héroes trágicos están ciegos al pensar que hacen algo bueno y grande. A pesar de todo, esta convicción no los protege de su ruina. Alegar la buena intención o la buena conciencia —lo cual, en la mayoría de los casos, ocurre posteriormente— no varía ni el resultado ni las consecuencias" 

Bert Hellinger


lunes, 12 de mayo de 2014

jueves, 8 de mayo de 2014

Mujeres que corren con los lobos



"Cuando un hombre planta arboles a cuya sombra sabe que nunca habrá
 de sentarse, ha comenzado a entender el sentido de la vida" 
RUMI

martes, 6 de mayo de 2014

Música Sanadora del Dr. Hamer






Según el Dr.Ryke Geerd Hamer, descubridor de la Nueva Medicina Germánica , la música puede tener un efecto sanador. 
Este efecto no se trataría de una cuestión mística, sino de un hecho físico biológico: ciertas vibraciones, como las de la música, resonarían con las oscilaciones cerebrales y, dado la influencia del cerebro en el origen de las enfermedades (según postula el Dr.Hamer), eso también tendría una repercusión en el organismo humano y algunas de sus enfermedades.
El Dr. Hamer afirma haber realizado un último descubrimiento empírico:
-Ciertas melodías parecen tener la característica de ayudar al organismo a curarse, en particular en el caso de las enfermedades en “fase de curación”, porque sus frecuencias o vibraciones actúan sobre el cerebro, modificando su funcionamiento y poniendo fin a la fase de curación al evitar el automatismo cerebral que produce la recaída en el mismo conflicto.

El Dr. Hamer ha puesto a disposición esta canción compuesta por él y dedicada a su esposa, que según el tiene el efecto de ayudar en casos de enfermedades crónicas en fase de curación (en su terminología, serían enfermedades en las que el conflicto biológico se reactiva y resuelve constantemente, antes de que termine o finalice la fase de curación, haciendo que esta última se haga crónica).

Según el Dr. Hamer, esta canción no ha mostrado ser eficaz en el caso de enfermedades crónicas correspondientes a conflictos biológicos activos (la diabetes, por ejemplo).
Algunas de las enfermedades “en fase de curación” y en estado crónico, y en las que esta canción podría ayudar como parte de la terapia, serían las siguientes:
-Artritis reumatoide
-Artrosis (no aquellas generadas por lesiones o causas mecánicas)
-Sindrome nefrótico
-Enfermedad de Párkinson
-Enfermedad de Crohn
-Colitis ulcerosa o ulcerativa
-Acné

Para fines terapéuticos, según el Dr.Hamer, la canción debería escucharse repetidamente durante varias horas, preferiblemente durante la noche mientras dormimos (ya que esa melodía actúa directamente sobre el cerebro, no sobre la mente consciente), y durante varias semanas.


Los efectos de escuchar esta canción son:
-Produce calma, detiene el pánico;
-Evita la recurrencia de los conflictos que entran en nuestro espíritu,
-Los tumores, la osteolisis, la necrosis y las úlceras ya no crecen mientras se escucha a Mein Studentenmädchen.

También puede ayudar al auto conocimiento en los procesos de síntomas y enfermedad el sig. enlace: 

http://www.sanateysana.com/diccionarioemocional.html#_ÍNDICE

lunes, 5 de mayo de 2014

Querer, Amar: ¿es lo mismo?


-“Te amo” - dijo el principito…
-“Yo también te quiero” - dijo la rosa.
-“No es lo mismo” - respondió él…
"Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las espectativas personales de afecto, de compañía
Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.
Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.
Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo.
Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas.
Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.
Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.
Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar.
Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se dá en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza.
Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.
Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoista, sino estar, en silenciosa compañía.
Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.
Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.
Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”
-“Ya entendí” - dijo la rosa.
-” No lo entiendas, vívelo” -dijo el principito.


Aclaración:
Este texto me llegó como autoría de Antoine de Saint Exupéry, pero recibí el mensaje de Laura Paredes, que me dice que la autora es Viviana Baldo y es una Recreación literaria de la obra de Saint Exupéry.  Muchas gracias por la aclaración Laura ! 
Luego, Violeta Violett nos dice que: "El texto es de el Libro del Amor de Osho y está adaptado a la frase de El Principito con la rosa...."
Más allá de desconocer el autor real lo esencial es la resonancia de las palabras en nuestro ❤ ❥


“El amor es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo  de relación de una persona con  el mundo como totalidad, no con  un ‘objeto’ amoroso.  
Si una persona ama solo a otra y es indiferente al resto de sus semejantes, su amor no es amor, sino una relación simbiótica, o un egotismo ampliado”.
Erich Fromm