viernes, 30 de noviembre de 2012

martes, 27 de noviembre de 2012

TODOS somos parte de la raza humana

Aún con nuestras diferencias TODOS somos parte de la raza humana, habitando el planeta Tierra.
En momentos tan revueltos como los actuales, conviene que meditemos y practiquemos mucho Hóponopono, puedes ingresar a este link:

http://despertarycrecer.blogspot.com.ar/search?q=ho

«Con vuestra perseverancia salvaréis vuestra vida»


sábado, 24 de noviembre de 2012

Algunos hijos perciben que sus padres sufren porque ellos crecen y se van...

y sienten culpa por ello…
Todo ser vivo crece y se mantiene en vida “a costa de” o gracias a la muerte de otros.
Forma parte de la gran ley de compensación. Que a su vez permite que todos estemos vinculados a todo lo que existe, muere o murió. Gracias a ello, todos pertenecemos a todo.
Brigitte Champertier

Algunos hijos perciben que sus padres sufren porque ellos crecen y se van... y sienten culpa por ello… hay que saber que crecer y volverse autónomo implicará atravesar esa “culpa”… es una culpa al servicio de la vida…. porque mira hacia adelante…

¿Qué hacemos si vemos sufrir a nuestros padres por el hecho de crecer y seguir nuestro propio camino?

Darnos cuenta. Ver.

Y actuar sabiendo que la vida es así, que sólo podemos crecer y vivir si miramos hacia adelante.

Aceptarnos como somos, querernos tal y como como somos, agradeciendo a nuestros padres y a todos los que debemos algo.

Asumiendo nuestra humanidad tal como es, sabiendo que la vida fluye hacia adelante y transformando ese sentimiento de culpa en una responsabilidad ante la Vida misma.

«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios»
Lc 9, 62

viernes, 23 de noviembre de 2012

jueves, 22 de noviembre de 2012

El Espiritu de la Vida

NOS GUÍA y AMA a TODOS por IGUAL

Personalmente

Del libro “Mística Cotidiana” 2008, de BERT HELLINGER, Editorial Alma Lepik.


Los movimientos del Espíritu nos llegan como si fueran especialmente para nosotros, para nuestra persona. Los experimentamos como si alguien se ocupara de nosotros personalmente, como si nuestra vida y nuestras acciones fueran para él algo único y especial. Esta es una experiencia muy profunda.

A veces estamos tentados de considerar una experiencia semejante como una distinción, como si fuéramos queridos y guiados de forma particular por ese Espíritu. Pero como se trata de un movimiento del Espíritu, también está dedicado a todos los demás. Este Espíritu mueve a los demás de tal manera que también ellos vivencian que son queridos y guiados de forma personal.

¿Qué significa esto para nosotros? ¿Qué exige de nosotros? Que también nosotros, igual que ese Espíritu, asintamos a todos, personalmente.

¿Qué ocurre entonces con nosotros? Que entramos en sintonía con los movimientos del Espíritu de tal forma que con ellos nos elevamos por encima de nosotros mismos, a pesar de percibirlos personalmente. ¿Nos percibimos entonces menos nosotros mismos o más nosotros mismos, es decir más personalmente o menos personalmente? Nos percibimos personalmente, pero con más amplitud, como si abarcáramos más. Igual que ese Espíritu, asentimos a nosotros mismos y a todos los otros en la misma forma, personalmente.

“Mística Cotidiana” 2008, de BERT HELLINGER, Editorial Alma Lepik.



martes, 20 de noviembre de 2012

Ecuanimidad significa que tengo el mismo ánimo para cosas diferentes...

LA ECUANIMIDAD
Extraído de "Pensamientos de realización" Bert HELLINGER Ed. Rigden, 2009

“Ecuanimidad significa que tengo el mismo ánimo para cosas diferentes. Significa también que me es igual qué reclama mi ánimo. Me enfrento a una cosa y otra con el mismo ánimo. Por eso ni prefiero lo uno a lo otro ni me aparto de lo uno o de lo otro. Regalo a ambos el mismo ánimo. Por eso no me intranquiliza ni lo uno ni lo otro. Ante ambos me mantengo recogido del mismo modo y en consonancia con ellos.

Alcanzo esta ecuanimidad si me encaro con todo de la misma manera. Terminan aquí las diferencias y lo desigual.

Gracias a la ecuanimidad permanezco recogido de manera apacible, porque nada puede desviarme ya de esa serenidad.

La ecuanimidad es un movimiento divino, y en ella se termina toda diferencia. Ya por el mero hecho de que la diferencia se interpondría entre su movimiento de amor a todo por igual.

En la ecuanimidad nos hacemos uno del modo más amplio con ese movimiento de amor, plácidamente uno, serenamente uno, ecuánimemente uno. En la ecuanimidad somos uno con lo divino”

domingo, 18 de noviembre de 2012

La culpa que sirve a la vida...

Es aquel sentimiento que nos induce a dar algo bueno después de haber recibido algo bueno de otro

Culpables

Extraído de "Pensamientos de realización" Bert HELLINGER Ed. Rigden, 2009

“Sólo podemos sentirnos culpables en nuestras relaciones de dar y tomar. Nuestros sentimientos de culpa regulan esas relaciones de una manera que conduce a un equilibrio entre dar y tomar. En esa medida sirven a la vida y también al amor.

Esa culpa actúa de modo ligero como sentimiento. Pasa en cuanto tomamos lo que nos es regalado y en cuanto damos, después de haber recibido algo de otros. Lo que hemos recibido de otros no nos deja en paz, porque nos sentimos acreedores de ellos hasta que les devolvemos algo a cambio. O si no se lo podemos devolver, lo transmitimos en su sentido y en consonancia con ellos. Entonces desaparecen de inmediato nuestros sentimientos de culpa y nos sentimos ligeros y libres. Es decir, que, en todo, ambos permanecen en el amor.

¿Pero qué pasa cuando no se alcanza un equilibrio? Por ejemplo, si le hemos hecho algo a alguien por lo que está enfadado con nosotros. O si alguien nos ha hecho algo por lo que estamos enfadados con él. En este caso empieza una lucha por el poder, por el predominio sobre el otro con la idea del derecho al desquite, donde uno es mejor, porque tiene razón, y el otro peor, porque no la tiene.

Pronto ambos tienen malos pensamientos y malos sentimientos. Esos sentimientos a menudo permanecen incluso cuando el otro ya ofrece una reparación. Porque cuesta entregarse a la igualdad y al amor entre los dos.

¿Dónde está aquí la solución? ¿Estamos dispuestos a renunciar a ese sentimiento de superioridad aparejado con el sentimiento de tener razón de manera que el otro pierda su sentimiento de culpa?

¿También a la inversa, por supuesto, cuando el otro renuncia a su sentimiento de superioridad y, con él, acaso incluso a su exigencia de reparación, si está dispuesto a volver a encontrarse con nosotros de persona a persona, igual a nosotros en todo, incluso con esa culpa?

Sólo si ambos se sienten igualmente humanos, igualmente justos e injustos, dependiendo igualmente el uno del otro e igualmente dispuestos para un futuro común puede volver a empezar el amor y con él el intercambio de dar y tomar. El intercambio con aquella culpa leve que enriquece a ambos. Esta culpa une donde la otra separa.

En el Padrenuestro se describe ese proceso aplicado aquí a nosotros los humanos de igual a igual: “Perdona mi culpa como yo también perdono la tuya. Entonces ambos vuelven a ser iguales también ante Dios”

sábado, 17 de noviembre de 2012

Todos estamos al servicio de Algo Más Grande...


En su libro “El manantial no tiene que preguntar por el camino”, pág 67-68, Bert Hellinger nos dice:

la gran Alma, sea lo que fuere, determina y toma a su servicio a cada uno, de la manera que sea.
Algunos tienen un servicio agradable, algunos tienen un servicio difícil.
Algunos tienen un servicio sanador y algunos un servicio destructor, un servicio terrible.
Pero sigue siendo el mismo servicio. Visto desde el alma, desde la Gran Alma, es el mismo servicio.
Nadie puede oponerse a esta alma.


Ahora bien, hay personas que tienen el concepto de que el mundo les fue entregado en sus manos.
Como si hubiera personas que pudieran aniquilar el mundo, si así lo quisieran, y como si hubiera otras que pudieran salvarlo, si así lo quisieran. Están desprendidas de la corriente. (…)

Esto trae consecuencia con respecto a nuestra creencia frente a perpetradores y víctimas.
Están cumpliendo el mismo servicio.
Si lo tomamos en serio están cumpliendo el mismo servicio.
Los buenos, los que llamamos buenos, y aquellos que llamamos malos cumplen el mismo servicio.
Esta creencia pone fin a la arrogancia y a la soberbia. (…)

Cuando tenemos ese enfoque nos volvemos humildes y podemos asentir al mundo tal como es, sin la pretensión de querer mejorarlo.
Como si no fuera la Gran Alma que dirige al mundo como ella quiere.
Nosotros sólo estamos inmersos en aquello que ella guía

jueves, 15 de noviembre de 2012

El amor oculto...

Por Bert Hellinger
Conferencia y meditaciones, Bad Suiza, 2005

Fuente: http://www2.hellinger.com

"Estamos inmersos en un sistema más grande, en un sistema familiar. A ese sistema pertenecen no solamente nuestros padres y sus hermanos, sino también los abuelos y los bisabuelos y los antepasados. También pertenecen a ese sistema otros que fueron importantes para él, por ejemplo, parejas anteriores de nuestros padres o nuestros abuelos. En ese sistema todos son conducidos por una fuerza conjunta. Esa fuerza sigue determinadas leyes.

El sistema familiar es un campo espiritual. Dentro de ese campo espiritual todos están en resonancia con todos. A veces este campo se encuentra desordenado. El desorden se produce cuando alguien que también pertenece a ese campo fue excluido o rechazado u olvidado. Las personas excluidas y olvidadas están en resonancia con nosotros y se hacen notar en el presente. Es que en ese campo tiene vigencia una ley fundamental: Todos los que pertenecen tienen el mismo derecho a pertenecer.

Por consiguiente, nadie puede ser excluido. En ese campo nadie se pierde. Esa persona seguirá actuando en ese campo. Cuando alguien ha sido excluido, independiente de los motivos, bajo la influencia de ese campo y a través de esa resonancia, otro miembro de la familia será designado para representar a la persona excluida. Ese miembro de la familia se comportará entonces de una manera extraña, por ejemplo en el caso de un niño. Tal vez se convierta en un adicto o un enfermo o un criminal o una persona agresiva. Incluso puede convertirse en un asesino, un esquizofrénico o lo que fuese. ¿Pero por qué? Porque esa persona mira con amor a alguien excluido y con su comportamiento nos obliga a mirar también con amor a esa persona rechazada y excluida. Ese comportamiento al que denominamos malo o terrible es en realidad amor hacia alguien que fue excluido de ese campo. En lugar de mirar a ese niño con preocupación y de tratar de cambiarlo, lo que de todas maneras como ustedes ya saben no ayuda - porque allí están actuando fuerzas muy poderosas- miramos junto con él a ese campo al que pertenecemos, a ese campo espiritual, hasta que bajo su conducción podemos mirar allí donde la persona excluida espera que la veamos y la reincorporemos a nuestra alma, a nuestro corazón, a nuestra familia, tal vez también a nuestro pueblo.

Por eso, todos lo niños son buenos si nosotros dejamos que lo sean. Esto quiere decir, si en lugar de mirar a los niños miramos allí donde ellos miran con amor.

Pues bien: En lugar de que nos ocupemos de esos niños o de otras personas y pensemos, “¿cómo pueden ellos comportarse así?”, miramos con ellos a una persona excluida y la volvemos a integrar. Tan pronto como esa persona es reintegrada en el alma de los padres y de la familia y del grupo, el niño puede respirar tranquilo y ser libre de la implicación con otra persona.

Cuando lo sabemos podemos esperar hasta reconocer hacia dónde nos conduce el comportamiento de ese niño, hacia dónde nos conduce como padres o como otro miembro de la familia. Cuando con los niños vamos hacia ese lugar y reintegramos a la otra persona en nuestra familia, los niños son liberados.

¿Quién más será liberado? También nosotros como padres o como otro miembro de la familia. De pronto seremos distintos o más ricos porque le volvemos a hacer lugar en nosotros a algo que estaba excluido. Todos pueden ahora comportarse de otra manera. Con más amor, con más indulgencia, más allá de nuestras diferenciaciones entre bueno y malo a través de la cuales tal vez pensamos que somos mejores y que los otros son peores, a pesar de que los otros –a los que consideramos malos- solamente aman de un modo distinto. Cuando junto con ellos miramos a donde ellos aman las diferenciaciones entre bueno y malo se acaban.

Detrás de todo actúa el amor
Otra consecuencia es, naturalmente, que nuestros padres son buenos y que detrás de todo lo que tal vez queremos reprocharles actúa el amor. Ese amor no viene hacia nosotros sino que va a otro lugar, hacia donde ellos miraban cuando eran niños, hacia alguien que ellos querían incorporar a la familia. Cuando comenzamos a hacerles a esos excluidos un lugar en nosotros miramos junto con nuestros padres a donde ellos aman. Entonces seremos libres, y nuestros padres también lo serán. De repente nos percibimos en una situación completamente distinta y aprendemos lo que significa el verdadero amor".  
«el Reino de Dios ya está entre vosotros» Lc 17,21
O bien: «dentro de vosotros»
 
Ejercicio para padres con un hijo/a con problemas:
Buscas un lugar tranquilo y donde puedas estar sola/o. 
Vas a visualizar a tus hijos delante de ti, y al/los padre/s de tus hijos a tu lado. 
Percibes qué sientes en tu lugar, con actitud interior de recogimiento, esperas, miras a los ojos a tu hijo (a cada uno).Vas a recibir la información de cómo puedes ayudarlo. 
Luego te vas a ubicar en el lugar de cada uno de tus hijos para saber qué se siente ahí, hacia dónde mira, qué necesita ese hijo/a. 
Ahí hacia donde mire hay alguien que necesita ser reconocido, honrado (no es necesario saber de quien se trata). Te colocas en ese lugar y sientes también allí. Puede que también mire a alguien y haces lo mismo con cada uno. 
Luego regresas a tu lugar y honras a todos tal como son.
Dices:
-"ahora te veo, tienes un lugar en mi corazón, tu también perteneces"

Al finalizar, si lo sientes en tu corazón, puedes decir también:
-“Nosotros por nosotros y tú por ti”

Respiras profunda y concientemente. miras hacia adelante, hacia la Vida, visualizando a los lejos la Luz de la Vida, una luz lejana, infinita, poderosa; inhalas y tomas esa energía de vida, exhalas y sueltas todo lo que ya no necesitas hoy en tu vida, lo entregas a Dios...
"Por favor Padre libera las memorias de dolor, rechazo, abandono, soledad, odio, separación, venganza, enfermedades, miedos, ira, celos, envidias......... en mi, en mi familia, en la familia humana... gracias.... por favor.... si...."

Y sigo entregándome a la vida como es...
Puedes repetir el ejercicio las veces que sientas que es necesario.


Libros que "Iluminan Nuestros Vínculos": http://www.san-pablo.com.ar/comprar/advanced_search_result.php?search_in_description=1&keywords=buttera

Puedes repetir el ejercicio las veces que sientas necesario. 

lunes, 12 de noviembre de 2012

Viajes interiores...

Del libro "Viajes interiores", Bert Hellinger, Ed. Rigden Institut Gestalt 2007.

Del recogimiento
“Viajes hacia el centro” es otro término para meditación. La palabra meditación describe el propósito de estos viajes, la contemplación de algo oculto que nos atrae inexorablemente hacia uno mismo a la vez que se disimula, escapando de nuestra vista. Eso es a dónde se dirigen nuestros viajes.

Los viajes interiores van hacia nuestro centro. En ese lugar, estamos unidos a nosotros mismos, en el sentido más profundo. Ahí, nos encontramos en la presencia de algo mucho más allá de nosotros. Por ser infinito, experimentamos este centro como vacío, y sin embargo en esa profundidad, lo percibimos también como plenitud.

Los viajes hacia el interior nos llevan a dónde estamos vacios y realizados a la vez. Vacío y realización están juntos y separados. Y los viajes hacia el interior nos convidan a vaciarnos de lo que se alza entre nosotros y la plenitud. ¿Qué es lo que se alza entre nosotros y aquella plenitud? Nuestras imágenes internas. En ese viaje hacia dentro, las abandonamos atrás. ¿Y cómo? Gracias al amor. Porque todas estas imágenes, erguidas en el acceso a nuestro vacío ante Dios - o lo que quiera que se oculta o revela en esta palabra - también se interponen en la vía del amor.

En esta primera parte describo los pasos en esta vía, incluyendo los peligros al acecho, lo que nos distrae, lo que nos frena o incluso nos obliga a dar media vuelta. Además de ser una introducción, esta primera parte ofrece una invitación a movernos más lejos, hacia comprensiones más profundas.

Las comprensiones se van dando junto con las experiencias, a medida que avanzamos en estos viajes hacia el centro. Las comprensiones sirven las experiencias, siendo profundizadas y corregidas por ellas. Todas las comprensiones merecen una atención adicional, por ofrecer muchas pistas con respecto al cómo el amor se logra en nuestras vidas de cada día. A veces, una pista toca nuestra alma de manera instantánea. Sin nada particular en mente, algo en nuestros pensamientos y en nuestros comportamientos nos mueve en otra dirección. Quizá, en un principio, apenas lo notamos, igual que tampoco notamos cuando una vía de ferrocarril se aleja ligeramente de la otra, después de un empalme. Pero al cabo de cierta distancia, llegamos a otro sitio y a una meta mucho más allá de lo que hubiéramos imaginado. Al igual que las blandas aguas que hacen rodar suavemente las rocas más duras, el espíritu mueve todo con suavidad hacia otra dirección, hacia una dirección de amor.

Andando con el momento
Nuestro viaje interior avanza de instante en instante. Paso tras paso estos instantes nos mantienen en la vía en la que nos encontramos, en todo momento. Sólo este camino nos lleva hacia dentro. Adónde sea que nos encontremos en un momento dado, estamos en el lugar correcto. Y de ahí comenzamos nuestro viaje interior. Por lo tanto, asiento a mi situación tal como es ahora, asiento a las personas con las que estoy conectado, tal como son. Y asiento a mi mismo, tal como soy.

Al consentir a mí mismo y a los demás tal como son y a la situación tal como es, en ese mismo momento, suelto mis deseos acerca de ellos, suelto mis preocupaciones por ellos, y suelto mis remordimientos. Así, alcanzo un lugar donde me siento quieto. Me detengo un rato, hasta que desde el interior, un movimiento se apodere de mí que me tira hacia mi centro. Mientras me va guiando, me entrego a él y lo sigo tan lejos como me lleva, ni más ni menos. Ahí, me muevo con facilidad, ya en mi viaje hacia el centro. Cuando regreso de ahí, ¿debo hacer algo? ¿Tengo permiso de hacer algo?

A veces, en este viaje hacia dentro, recibo una comprensión. De repente, sé qué paso debo dar a continuación. ¿Debo actuar en seguida? A veces, sí. Pero a menudo, me mantengo recogido y espero otro rato. Aquí también, me quedo en el momento presente. Me dejo estar llevado de la mano, de un instante hacia el siguiente, en acuerdo conmigo mismo, en acuerdo con otros y en acuerdo con la situación tal como es.

Así como me he volcado hacia dentro, me vuelco hacia fuera con el mismo recogimiento, sereno, tranquilo, guiado desde mi centro. Imaginad entonces lo que pasa. Afuera, en el mundo, algo cambia por acuerdo propio, como por sí solo, sin que nosotros actuemos de alguna forma. Si tengo que actuar, mi acción posee otra fuente de fuerza. ¿Por qué? Porque tengo otro amor.

Libertad
La libertad busca algo. Cuando lo alcanza, llega a su meta y se acaba. Una vez alcanzada la meta, ¿qué más hay para buscar? Pero existe también otra libertad, aquella libertad que sólo da la espalda, nunca llega a la meta, y por lo tanto nunca termina. Cuando nuestra libertad se mueve hacia una meta, sirve la meta y desde ahí, adquiere su fuerza. Libertad sin meta, cuyo objetivo es solamente escapar de algo, permanece vacía, curiosamente desprovista. No se dirige a nada, no se ofrece para servir nada y por tanto, permanece débil y pobre.

En nuestros viajes hacia el centro, nos sentimos libres de una manera cumplida, porque tenemos una dirección. Nos movemos hacia una meta aunque esa meta, siendo una meta última, se mantiene en gran parte disimulada a nuestra vista. En cada paso a lo largo de este viaje, su meta queda ocultada y sin embargo sentimos su presencia. La ocultación de esta meta no nos hace sentir vacíos en el sentido de desolados, porque este vacío está pleno. Moviéndonos en esa dirección nos permite sentirnos plenos, aunque no hayamos aun llegado. Porque, sin importar lo que hayamos recorrido en el camino, nuestra libertad se mantiene en la conexión con su meta. Y ahí termina. ¿Dónde más termina nuestra libertad? En aquel momento en que nos quedamos completamente en el instante. Cuando habitamos el instante, él nos captura. Toda libertad imaginaria está desprendida del instante y por lo tanto, vacía. La plenitud existe solamente en el instante. Además, en cada instante, ya hemos llegado.

Planes
Sin planes, se abren a nosotros todas las direcciones. Sin planes propios, podemos rendirnos ante otros planes, sin resistencias, rendirnos ante ese movimiento interno que nos atrae en su dirección. Simplemente, soltamos. Estar sin planes no es equivalente a estar sin dirección. A sabiendas, sin planes propios, cedemos al movimiento con devoción. Nos entregamos, sin saber adónde nos lleva y cuán lejos nos conduce. Curiosamente, sin planes propios nos experimentamos a nosotros mismos de la forma más profunda. En nuestro viaje hacia el centro, nuestro recogimiento siempre nos lleva a una meta. Pero, ¿de quién es la meta? Sin planes propios, podemos conectar con otras personas de otra forma. Ellas no necesitan más temernos porque sin planes propios, no tenemos expectativas frente a ellas, cosa que podría interferir con sus movimientos.

Y sin planes propios, podemos quizá entender algo que pueda ser bueno para ellas. Entonces, tenemos la soltura con la que decir o hacer lo que sea bueno para ellas.

¿Tuvimos algún plan propio aquí? ¿O bien, fue concedida la comprensión apropiada justamente porque no hubo planes propios? Nos encontrábamos simplemente expuestos a la situación y guiados por ella. Sin planes propios, nos encontramos también en el amor, más profundamente. El amor nos muestra el camino, instante tras instante. Sin planes propios, avanzamos en nuestros viajes interiores con levedad. Seguimos sus movimientos sin necesitar practicarlos. Los movimientos en sí son nuestra práctica. Nos resultaría difícil seguir en nuestros viajes interiores siguiendo planes y horarios predeterminados.

De repente, un movimiento inesperado nos embarga, es irresistible. Sin planes propios, cedemos sin saber adónde nuestros viajes nos llevan, a qué comprensiones por ejemplo, a qué acciones, a qué amor. ¿Qué les acontece entonces a nuestros planes? ¿Acaso tienen importancia?

Arriba
Imaginamos el espíritu encima de nosotros. Con esta imagen, lo traemos en conexión con nuestra respiración, con el hálito de la vida y con el viento que sopla desde arriba, desde la atmósfera que abraza la Tierra. Cuando oramos, levantamos espontáneamente las manos hacia arriba porque lo imaginamos a Dios encima de nosotros, a una lejana distancia muy por encima de nosotros, mucho más allá de las estrellas. El movimiento hacia arriba nos libera de la gravedad que nos tira hacia abajo. El movimiento hacia arriba nos eleva y en él nos sentimos liviano y libre. El movimiento hacia arriba parece ir en otra dirección que el movimiento interno que nos atrae hacia nuestro centro. El movimiento hacia arriba es asimismo un movimiento de recogimiento, sólo que en la dirección ascendiente.

Adónde sea que nos atraen estos movimientos, sea hacia la profundidad en nosotros, sea arriba más allá de nosotros, la atracción es la misma. El movimiento hacia arriba es también un viaje hacia dentro, un viaje hacia el centro. Este centro nos llama de la misma manera, tanto en el viaje hacia arriba como hacia nuestro centro, en lo hondo de nosotros. Ambas imágenes sirven nuestro recogimiento. Las imágenes del viaje llevando a nuestra profundidad y del viaje llevando más allá de nosotros se complementan mutuamente. Porque “profundo” y “elevado” surgen de la misma experiencia: lejos de algo y hacia algo más. Por lo tanto, en algunos idiomas, la palabra para “profundo” y “elevado” es una sola.

Lo mismo se aplica a nuestra experiencia de lejanía y proximidad. Ambas apuntan hacia la misma dirección, sólo se diferencian por la distancia recorrida. Que nuestro viaje hacia el centro nos lleve lejos en lo profundo o lejos hacia arriba, sólo hace una diferencia en la medida en que el viaje hacia arriba parece más largo y más lejano. Por eso, el viaje lejos arriba se aproxima más a la experiencia de un viaje espiritual, de algo amplio y distante, más allá de nosotros. Pero solamente si permanecemos recogidos.

Introducción del libro Viajes interiores
Bert HELLINGER, Ed. Rigden Institut Gestalt 2007

jueves, 1 de noviembre de 2012

Conferencia - Taller: "Camino del Amor"

¡Hola! el miércoles 7 de NOVIEMBRE próximo estaré disponible de 16.30 a 18.30 hs en el Grand Prix, Santa Fe, calle San Jerónimo 3600, para reflexionar juntos sobre el CAMINO DEL AMOR.

Como necesitamos informar con anterioridad la cantidad de participantes, te pido que si estás interesad@ en participar, te comuniques con Lidia Pascual , tel 342-4564090 o Laura Dellacqua al tel 4556884 y 4540549, por la compra de la entrada (solo x anticipado).

Habrá una rica merienda y algo más…. ¡Nos vemos! ;)

Te agradezco la difusión de este evento =)