jueves, 30 de junio de 2011

¿Qué nos perturba realmente?


Desilusionarse no es más que una cuestión de perspectiva... aunque me tomó mucho tiempo comprender esto! Yo creía que si alguien hacía algo que no me gustaba, o si no era feliz con alguna situación en la que me encontraba, entonces tenía el derecho de sentirme defraudad@ y desilusionad@.
Por supuesto, la desilusión siempre me llevaba a sentirme enojad@, deprimid@, o frustad@.
Después de todo, la situación no había evolucionado como yo esperaba, o la persona no se había comportado como yo deseaba. Por consiguiente, no me sentía nada bien.

¡Nunca hubiera pensado que podía ser "mi percepción del asunto" lo que estaba causando mi desilusión...
Y mucho menos que pudiera controlarla!
Lentamente, comencé a comprender que esas cosas que podían perturbarme, no molestaban a nadie más!
Y también, que cosas que eran un gran problema para otros, no me afectaban para nada. ¿Qué estaba sucediendo?
Obviamente no podía ser la situación, ya que era la constante de la ecuación.
Lo que cambiaba, era quién interpretaba la situación.
Fue entonces que me hice esta pregunta:

¿Podía cambiar mi manera de percibir, y por consiguiente, cambiar mi reacción emocional?

Descubrí que sí era posible. No controlaba necesariamente lo que me sucedía, pero definitivamente controlaba cómo responder a esas situaciones. Jugando un poco con esta idea, empecé a enfocarme en las personas con quienes trabajo. Las personas a nuestro alrededor son grandes "espejos" (para ver cómo pensamos y nos comportamos los sujetos) y pueden ser grandes educadoras!

Prestaba mucha atención a las cosas de las que se quejaban, y a las razones detrás de su desilusión o enojo. De esta manera, percibía a través de sus ojos... lo que me obligaba a tomar distancia de la situación y ver una imagen más grande de la misma. Lo que siempre recibí de este ejercicio, fue una perspectiva diferente...

Lo que vi, una y otra vez, es que cuando la mayoría de nosotros se perturba, lo hace por una sola y única razón: el universo no está comportándose como creíamos que debía comportarse.
Por ejemplo, puede suceder que alguien no te trate de la manera en que esperas...
O que nuestros sueños no resulten como deseamos....
O que la inversión no rinda de la manera en que calculamos lo haría...
O que alguien se muera, antes del momento en que creíamos que debía morirse: es tan fuerte como esto.

Es triste, pero al mismo tiempo, no tenemos la "opción" de decidir acerca de TODO...
Y cuando nos defraudamos, nunca nos detenemos a pensar que son nuestras percepciones -o creencias- las que están equivocadas... En cambio, pensamos que es el Universo, Dios o el otro, el que está equivocado... o que complota contra nosotros!

Entonces... ¿cómo cambiamos nuestras percepciones y creencias?

Conociéndolas y dándonos cuenta de lo que ellas son.

Cuando nos decepcionemos, pensemos en lo siguiente:
¿qué percepción o creencia mía está siendo contradecida?
Vayamos despacio cuando hagamos esto: obliguémonos a ver una imagen más grande de lo que está ocurriendo. Esforcémonos por ver esa situación desde una nueva perspectiva, y busquemos no reaccionar "culpando" inmediatamente al otro -o a la vida- por lo que ocurre.

Cuanto más hagamos esto, menos nos sentiremos defraudados... porque dejaremos de tomar las cosas de manera tan personal. Además, entenderemos que no siempre las cosas resultan de la manera en que se supone que deben resultar (estén los resultados de acuerdo -o no- con nuestras creencias).
Nos llevará a sentirnos más al mando de nuestras emociones, así como de nuestras conductas y acciones. También, seremos capaz de usar cualquier desafío como una oportunidad -de crecer y desarrollar nuestra vida- porque la desilusión no nos derribará continuamente.

Trabajo Personal
¿Conoces realmente tus percepciones y creencias más arraigadas?

"No importa lo que la historia ha hecho con el hombre,
sino lo que el hombre hace con lo que la historia ha hecho de él"
J. P. Sartre


martes, 28 de junio de 2011

¿Quién es el que puede calmar las tormentas de los corazones de los hombres?

Dios, que habita en lo profundo de nuestro corazón

¡Qué significativo el evangelio de hoy!

Mt 8,23-27:
En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron.
De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido.
Acercándose ellos le despertaron diciendo:
«¡Señor, sálvanos, que perecemos!».
Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?».
Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza.
Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?»

En nuestro cuerpo se levanta una tormenta cuando las emociones nos des-bordan.
Y así, nuestra barca (cuerpo) queda tapada por las olas (emociones):

"De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido(Mt 8,24)

Cuando tomamos conciencia que nos estamos hundiendo, porque Él está dormido, clamamos:

-«¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (Mt 8,25)

Y nuestro maestro ahi nos dice:

-«¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?»

«se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8,26).

Cuando nos conectamos con la Fuente de la Vida que mora en nuestro interior, y despiertos sintonizamos con ella, "sobreviene una gran bonanza" (Mt 8,26) en nuestro interior, nuestras emociones se calman, estamos en paz y maravillados observamos cómo "hasta los vientos y el mar obedecen". (Mt 8,27).

-Puedes profundizar esta reflexión en el libro "Madurando Nuestros Apegos". Ed. San Pablo, 2008.
-Para aprender a trabajar nuestras emociones te recomiendo: "Nuestra Vida Emocional" y "Transformando Nuestros Sentimientos".
Todos ellos de la colección Salud Integral, Editorial San Pablo. Autores: Maria Guadalupe Buttera y Dr. Roberto F. Ré:
http://www.san-pablo.com.ar/libreriavirtual/advanced_search_result.php?keywords=buttera&osCsid=kh86g2c01ublk41tmt67j8tpq6

¡Adelante! ¡Que la Vida mira hacia adelante!

"Si no tenemos paz dentro de nosotros,
de nada sirve buscarla fuera"
Francoise de la Rochefoucauld

lunes, 27 de junio de 2011

¿Dónde están las monedas?

El cuento de nuestros Padres
Por Joan Garriga

"Hay otra razón poderosa que puede empujarnos a iniciar la tarea de restaurar el amor hacia nuestros padres: sólo logramos amarnos a nosotros mismos cuando los amamos y honramos a ellos. En lo más profundo de cada uno de nosotros, por muy graves que sean las heridas, los hijos seguimos siendo leales a nuestros padres, e inevitablemente los tomamos como modelos y los interiorizamos. De algún modo conectamos con una fuerza que nos hace ser como ellos. Por eso, cuando somos capaces de amarlos, honrarlos, dignificarlos y respetarlos, podemos hacer lo mismo con nosotros mismos y ser libres"
JOAN GARRIGA 
En una noche cualquiera, una persona, de la que no sabemos si es un hombre o una mujer, tuvo un sueño.

Es un sueño que todos tenemos alguna vez. Esta persona soñó que en sus manos recibía unas cuantas monedas de sus padres. No sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, cientos, una docena o aún menos. Tampoco sabemos de qué metal estaban hechas, si eran de oro, plata, bronce, hierro o quizá de barro.

Mientras soñaba que sus padres le entregaban estas monedas, sintió espontáneamente una sensación de calor en su pecho. Quedó invadida por un alborozo sereno y alegre. Estaba contenta, se llenó de ternura y durmió plácidamente el resto de la noche.

Cuando despertó a la mañana siguiente, la sensación de placidez y satisfacción persistía. Entonces, decidió caminar hacia la casa de sus padres. Y, cuando llegó, mirándolos a los ojos, les dijo:

— «Esta noche habéis venido en sueños y me habéis dado unas cuantas monedas en mis manos. No recuerdo si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué metal estaban hechas, si eran monedas de un metal precioso o no. Pero no importa, porque me siento plena y contenta. Y vengo a deciros gracias, son suficientes, son las monedas que necesito y las que merezco. Así que las tomo con gusto porque vienen de vosotros. Con ellas seré capaz de recorrer mi propio camino.»

Al oír esto, los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, se sintieron aún más grandes y generosos. En su interior sintieron que aún podían seguir dando a su hijo, porque la capacidad de recibir amplifica la grandeza y el deseo de dar. Así, dijeron: — Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único y personal. Son para ti.

Entonces este hijo se sintió también grande y pleno. Se percibió completo y rico y pudo dejar en paz la casa de sus padres. A medida que se alejaba, sus pies se apoyaban firmes sobre la tierra y andaba con fuerza. Su cuerpo también estaba bien asentado en la tierra y ante sus ojos se abría un camino claro y un horizonte esperanzador.

Mientras recorría el camino de la vida, encontró distintas personas con las que caminaba lado a lado. Se acompañaban durante un trecho, a veces más largo o más corto, otras veces estaban con él durante toda la vida. Eran sus socios, sus amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores e incluso sus adversarios. En general, el camino resultaba sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.

De vez en cuando esta persona volvía la vista atrás hacia sus padres y recordaba con gratitud las monedas recibidas. Y cuando observaba el transcurso de su vida, miraba a sus hijos o recordaba todo lo conseguido en el ámbito personal, familiar, profesional, social o espiritual, aparecía la imagen de sus padres y se daba cuenta de que todo aquello había sido posible gracias a lo recibido de ellos y que con su éxito y logros les honraba. Se decía a sí mismo: «No hay mejor fertilizante que los propios orígenes», y entonces su pecho volvía a llenarse con la misma sensación expansiva que le había embargado la noche que soñó que recibía las monedas.

Sin embargo, en otra noche cualquiera, otra persona tuvo el mismo sueño, ya que tarde o temprano todos llegamos a tener este sueño.

Venían sus padres y en sus manos le entregaban unas cuantas monedas. En este caso tampoco sabemos si eran muchas o pocas, si eran miles, unos cientos, una docena o aún menos. No sabemos de qué metal estaban hechas, si de oro, plata, bronce, hierro o quizás de barro...

Al soñar que recibía en sus manos las monedas de sus padres sintió espontáneamente un pellizco de incomodidad. La persona quedó invadida por una agria inquietud, por una sensación de tormento en el pecho y un lacerante malestar. Durmió llena de agitación lo que quedaba de la noche mientras se revolvía encrespada entre las sábanas.

Al despertar, aún agitada, sentía un fastidio que parecía enfado y enojo, pero que también tenía algo de queja y resentimiento. Quizá lo que más reinaba en ella era la confusión y su cara era el rostro del sufrimiento y de la disconformidad. Llena de furia y con un ligero tinte de vergüenza, decidió caminar hacia la casa de sus padres.

Al llegar allí, mirándolos de soslayo les dijo:

- «Esta noche habéis venido en sueño y me habéis dado unas cuantas monedas. No sé si eran muchas o pocas. Tampoco sé de qué material estaban hechas, si eran de un metal precioso o no. No importa, porque me siento vacía, lastimada y herida. Vengo a decirles que vuestras monedas no son buenas ni suficientes. No son las monedas que necesito ni son las que merezco ni las que me corresponden. Así que no las quiero y no las tomo, aunque procedan de ustedes y me lleguen a través vuestro. Con ellas mi camino sería demasiado pesado o demasiado triste de recorrer y no lograría ir lejos. Andaré sin vuestras monedas.»

Y los padres que, como todos los padres, empequeñecen y sufren cuando no tienen el reconocimiento de sus hijos, aún se hicieron más pequeños. Se retiraron, disminuidos y tristes, al interior de la casa. Con desazón y congoja comprendieron que todavía podían dar menos a este hijo porque ante la dificultad para tomar y recibir, la grandeza y el deseo de dar se hacen pequeñas y languidecen. Guardaron silencio, confiando en que, con el paso del tiempo y la sabiduría que trae consigo la vida, quizá se pudieran llegar a enderezar los rumbos fallidos del hijo.

Es extraño lo que ocurrió a continuación. Después de haber pronunciado estas palabras ante los padres en respuesta a su sueño, este hijo se sintió impetuosamente fuerte, más fuerte que nunca. Se trataba de una fuerza extraordinaria. Se había encarnado en él la fuerza feroz, empecinada y hercúlea que surge de la oposición a los hechos y a las personas. No era una fuerza genuina y auténtica como la que resulta del asentimiento a los hechos y que está en consonancia con los avatares de la vida, pero la fuerza era intensa.

Sin ninguna serenidad interior, aquella persona abandonó la casa de los padres diciéndose a sí misma:

- Nunca más.

Impetuosamente fuerte, pero también vacía, huérfana y necesitada, aún queriéndolo y deseándolo, no lograba alcanzar la paz.

A medida que la persona se alejaba de la casa de sus padres sentía que sus pies se elevaban unos centímetros por encima de la tierra y que su cuerpo, un tanto flotante, no podía caerse por su propio peso real. Pero lo más relevante ocurría en sus ojos: los abría de una manera tan particular que parecía que miraba siempre lo mismo, un horizonte fijo y estático.

La persona desarrolló una sensibilidad especial. Así, cuando encontraba a alguien a lo largo de su camino, sobre todo si era del sexo opuesto, esta sensibilidad le hacía contemplarlo con una enorme esperanza, la que, sin darse cuenta le llevaba a preguntarse:

- ¿Será esta persona la que tiene la monedas que merezco, necesito y me corresponden, las monedas que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será esta la persona que tiene aquello que merezco?

Si la respuesta que se daba a si misma era afirmativa, resultaba fantástico. A esto, algunos lo denominan enamoramiento. En esos momentos sentía que todo era maravilloso. No obstante, cuando el enamoramiento acababa convirtiéndose en una relación y la relación duraba lo suficiente, la persona generalmente descubría que el otro no tenía lo que le faltaba, aquellas monedas que no había tomado de sus padres.

- ¡Qué pena!, se decía y se quejaba amargamente de su mala suerte, culpando al destino de ello.

A esto lo llaman desengaño y esta persona se sentía sometida a un tormento emocional que tomaba la forma de desesperación, desazón, crisis, turbulencia, enfado, frustración...

Por suerte, o no, en este momento podía estar esperando a un hijo y la desazón se volvía más dulce y esperanzadora, más atemperada. Entonces la pregunta volvía a su inconsciente:

- «¿Será este hijo que espero, tan bienamado, quien tiene las monedas que merezco, que necesito y que me corresponden y que no tomé de mis padres porque no supieron dármelas de la manera justa y conveniente? ¿Será este ser el que tiene aquello que merezco?»

Cuando se contestaba de nuevo que sí, era maravilloso, formidable y empezaba a sentir un vínculo especial con ese hijo, un vínculo asombroso, muy estrecho, lleno de expectativas y anhelos.

Pero si pasa el tiempo suficiente la mayoría de los hijos desean tener una vida propia y saben que tienen propósitos de vida propios e independientes de sus padres. Entonces, aunque aman a sus padres y desean hacer lo mejor para ellos, la presión de tener vida propia resulta exigente, imperiosa y tan arrolladora como la sexualidad.

Así es como, de nuevo, esta persona comprende un día que tampoco su hijo tiene las monedas que necesita, merece y le corresponden. Sintiéndose más vacía, huérfana y desorientada que nunca entra en crisis y desesperación. Enferma. Ahora tiene entre 40 y 50 años, la fase media de la vida. Ahora ningún argumento la sostiene ya, ninguna razón la calma. Es su "cata-crac" y grita:

- ¡A Y U D A!

¡Hay tanta urgencia en su tono de voz! ¡Su rostro está tan desencajado! Nada la calma, nada puede sostenerla.

Y... ¿qué hace? Va al terapeuta.

El terapeuta la recibe pronto, la mira profunda y pausadamente y le dice:

- Yo no tengo las monedas.

Hay dos clases de terapeutas: los que piensan que tienen las monedas y los que saben que no las tienen.

El terapeuta ha visto en sus ojos que sigue buscando las monedas en el lugar equivocado y que le encantaría equivocarse de nuevo. El terapeuta sabe que las personas quieren cambiar, pero les cuesta dar su brazo a torcer, no tanto por dignidad sino por tozudez y costumbre.

Él piensa: "Amo y respeto mejor a mis pacientes cuando puedo hacerlo con sus padres y con su realidad tal como es. Los ayudo cuando soy amigo de las monedas que les tocan, sean las que sean."

El terapeuta añade: "Yo no tengo las monedas pero sé dónde están y podemos trabajar juntos para que también tú descubras dónde están, cómo ir hacia ellas y tomarlas."

Entonces el terapeuta trabaja con la persona y le enseña que durante muchos años ha tenido un problema de visión, un problema óptico, un problema de perspectiva. Ha tenido dificultades para ver claramente. Sólo se trata de eso.

El terapeuta le ayuda a reenfocar y a modular su mirada, a percibir la realidad de otra manera, desde una perspectiva más clara, más centrada y más abierta a los propósitos de la vida. Una manera menos dependiente de los deseos personales del pequeño yo que trata de gobernarnos.

Un día, mientras espera a su paciente, el terapeuta piensa que está listo y que debe decirle, por fin y claramente, dónde están las monedas. Y este mismo día, como por arte de birlibirloque, llega el paciente. Tiene otro color de piel, las facciones de su rostro se han suavizado y comparte su descubrimiento:

- Sé dónde están las monedas. Siguen con mis padres.

Primero solloza, luego llora abiertamente. Después surge el alivio, la paz y la sensación de calor en el pecho. ¡Por fin!

Durante el trabajo terapéutico ha atravesado las purulencias de sus heridas, ha madurado en su proceso emocional y ha reenfocado su visión. Ahora se dirige de nuevo, como lo hizo hace tantos años atrás a la casa de sus padres.

Los mira a los ojos y les dice:

- «Vengo a deciros que estos últimos diez, veinte o treinta años de mi vida he tenido un problema de visión, un asunto óptico. No veía claramente y lo siento. Ahora puedo ver y vengo a deciros que aquellas monedas que recibí de vosotros en sueños son las mejores monedas posibles para mi. Son suficientes y son las monedas que me corresponden. Son las monedas que merezco y las adecuadas para que pueda seguir. Vengo a daros las gracias. Las tomo con gusto porque vienen de vosotros y con ellas puedo seguir andando mi propio camino.»

Ahora los padres, que como todos los padres se engrandecen a través del reconocimiento de sus hijos, vuelven a florecer y el amor y la generosidad fluyen de nuevo con facilidad. Así el hijo ahora es plenamente hijo, porque puede tomar y recibir.

Los padres le miran sonrientes, con ternura y contestan:

- «Ya que eres tan buen hijo puedes quedarte con todas las monedas, puesto que te pertenecen. Puedes gastarlas como quieras y no es necesario que nos las devuelvas. Son tu legado, único, propio y personal, para ti. Puedes tener una vida plena.»

Ahora este hijo se siente grande y pleno. Se percibe completo y rico y puede, por fin, dejar la casa de los padres con paz. A medida que se aleja siente sus pies firmes pisando el suelo con fuerza, su cuerpo también está asentado en la tierra y sus ojos miran hacia un camino claro y un horizonte esperanzador.

Resulta extraño: ha perdido esa fuerza impetuosa que se nutría del resentimiento, del victimismo o del exceso de conformidad. Ahora tiene una fuerza simple y tranquila, una fuerza natural.

Recorriendo el camino de su vida encontraba con frecuencia otras personas con las que caminaba lado a lado como acompañantes durante un trecho, a veces largo, a veces corto, a veces durante toda la vida. Socios, amigos, parejas, vecinos, compañeros, colaboradores, incluso adversarios. En general se trataba de un camino sereno, gozoso, en sintonía con su espíritu y con su naturaleza personal. Tampoco estaba exento de los pesares naturales que la vida impone. Era el camino de su vida.

Un día se acercó a la persona de la que se enamoró pensando que tenía las monedas y también le dijo:

- «Durante mucho tiempo he tenido un problema de visión y ahora que veo claro te digo: Lo siento, fue demasiado lo que esperé. Fueron demasiadas expectativas y sé que esto fue una carga demasiado grande para ti y ahora lo asumo. Me doy cuenta y te libero. Así el amor que nos tuvimos puede seguir fluyendo. Gracias. Ahora tengo mis propias monedas.»

Otro día va a sus hijos y les dice:

- «Podéis tomar todas las monedas de mi, porque yo soy una persona rica y completa ahora que he tomado las mías de mis padres.» Entonces los hijos se tranquilizan y se hacen pequeños respecto a él y están libres para seguir su propio camino tomando sus propias monedas.

Al final de su largo camino se sienta y mira aún más allá. Hace un repaso de la vida vivida, de lo amado y de lo sufrido, de lo construido y de lo maltrecho. A todo y a todos logra darles un buen lugar en su alma. Los acoge con dulzura y piensa:

- «Todo tiene su momento en el vivir: el momento de llegar, el momento de permanecer y el momento de partir. Una mitad de la vida es para subir la montaña y gritar a los cuatro vientos: ‘Existo’.
Y la otra mitad es para el descenso hacia la luminosa nada, donde todo es desprenderse, alegrarse y celebrar.
La vida tiene sus asuntos y sus ritmos sin dejar de ser el sueño que soñamos»

"Tomar las monedas de nuestros Padres no es un acto ideológico, algo que uno pueda decidir que ocurra. Es el resultado de un profundo proceso emocional, de un proceso corporal y de una actitud. 
Este proceso exige mucho del cuerpo y de los sentimientos. Obliga a visitar y bucear en este cuerpo histórico donde se alojan los buenos sentimientos y también aquellos que llegan a ser amenazantes para nosotros, hasta lograr hacerles espacio, permitir que circulen, que se libere el dolor, que se reaprendan recursos y que el cuerpo recupere su confianza, su gracia y su vitalidad natural.
A este cuerpo que vivió tanto, que soportó traumas, heridas y miedos podemos agradecerle su fortaleza y acariciarlo lo suficiente para que palpite de nuevo con la fuerza de la vida y pueda volver a exponerse a tener una relación feliz con los demás"
JOAN GARRIGA
del libro ¿Dónde están las monedas? El vínculo logrado entre hijos y Padres (Ed. Rigden-Institut Gestalt)

domingo, 26 de junio de 2011

Aprendiendo a desarrollar...



Disfrutar de cada instante sólo es posible con unas dosis de paciencia,
virtud que podemos desarrollar y que nos permitirá vivir sin prisas.

Todos los días nos enfrentamos a diferentes tipos de experiencias que pueden provocarnos enojo, frustración o impotencia. Y en nuestra cultura actual donde todo tienen que ser “ya” queremos que las cosas salgan bien, rapidito y sin problemas.

La “paciencia”, “ciencia de la paz” parece ser una virtud olvidada hoy, y tiene que ver con la tolerancia, la comprensión, el poder soportar las adversidades con fortaleza, sin lamentos infantiles, teniendo uno mismo el control sobre la propia conducta para actuar de la manera más adecuada en cada situación.

Claro que tener paciencia no tiene que confundirse con ser pasivos ante un problema que requiere solución, ni tiene que ver con aguantar o no reaccionar.

La paciencia nos conduce aceptar con serenidad las pruebas de la vida, grandes o pequeñas, sabiendo que detrás de ello hay algo que aprender para seguir evolucionando.

La paciencia nos enseña a darnos tiempo para escuchar, razonar y en su momento actuar o dar nuestra opinión, sin desesperarnos. La paciencia es un rasgo de la personalidad madura, aquella que ha comprendido que no es posible controlarlo todo, que hay situaciones que se escapan de nuestro control y a las cuales hay que darles tiempo.

La persona que ha desarrollado esta virtud tiene suficiente sensibilidad que le permite identificar los problemas, contrariedades, alegrías y triunfos del día a día y afrontar la vida de una manera optimista y tranquila; porque sabe que “todo es para bien” (Rom 8,28).

La paciencia nos trae recompensas positivas y nos ayuda a crecer como personas y mejorar nuestros vínculos con los padres, la pareja, los hijos, los compañeros de trabajo; amistades; etc. Necesitamos desarrollar la paciencia sobre todo si, por cualquier motivo, hemos de ayudarles en su formación, o en su enfermedad.

El discernimiento y la reflexión nos ayudarán a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Esperar un tiempo, sonreír, dar una contestación asertiva ante una impertinencia pueden hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas.

Desarrollar la paciencia es darse a sí mismos más opciones y mayor libertad de manejar más efectivamente cada situación que se presenta. Tener paciencia amplía nuestra visión y perspectiva, porque nos ayuda a ver las situaciones de manera más amplia y evita bloqueos ante los problemas o dejarnos llevar por un arranque emocional.

¿Qué podemos hacer para practicar la paciencia?
Respiremos profunda y conscientemente: cuando sentimos que todo empieza a salirse de control, dejemos ir nuestra impaciencia en un respiro profundo. Luego cuando ya estamos más tranquilos concentrémonos en tratar de ver el lado positivo de la situación.

Aprendamos a disfrutar de los “tiempos muertos”: estamos acostumbrados a hacer muchas cosas a la vez y no queremos perder ni un minuto. Pero hay ocasiones donde es necesario relajarse y apreciar detalles simples de la vida; y en lugar de verlo como un tiempo perdido podemos aprovecharlo para pensar, organizarnos y tomar fuerzas para seguir adelante.

Tomemos conciencia que todo acto tiene sus consecuencias: cuando estemos a punto de perder la paciencia recordemos que todo lo que hacemos tiene sus consecuencias: ¿qué va a pasar después?, ¿voy a afectar a alguien?, ¿realmente esa persona es culpable de lo que me pasa?, ¿así se va a solucionar la situación?, ¿cómo me voy a sentir después?, etc.

Cuidémonos a nosotros mismos: disfrutemos del descanso placentero, la buena alimentación, aprovechemos esos momentos gratificantes que nos ayudan a recuperar fuerzas y sentirnos físicamente bien cada día.

Establezcamos prioridades y límites: pongamos límites al uso diario de la computadora o la televisión, decidámonos a leer un buen libro o simplemente tomarnos un tiempo de descanso, para que podamos sentirnos bien con nosotros mismos y así, podamos re-conectar con nuestros seres queridos y disfrutar con su compañía. Establecer límites nos ayuda a responder hábilmente a todas nuestras necesidades humanas, y así, es posible desarrollar la paciencia

Síntesis
La paciencia nos permite ver con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos.

Para reflexionar
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
Proverbio persa

La espiritualidad nos ilumina el camino
“Con vuestra paciencia ganaréis vuestras almas”
Lucas 21, l9
«Ten paciencia conmigo»
Mt 18,26.29

Ten paciencia. La vida es corta. 
No la amargues con ideas retorcidas. 
Piensa que todo llegara. 
Bert Hellinger

viernes, 24 de junio de 2011

25 de junio: día del Psicólogo Social en Argentina.

La Escuela de Psicología Social (1) como formadora de pensadores creativos.

He sido formada en esta bella profesión, y gracias a lo aprendido a través del estudio de los conceptos que allí se transmiten del Psiquiatra Enrique Pichón Riviére (2) , Ana Quiroga, Alfredo Moffat, Joaquin Pichon Rivière, Fernando Fabris y otros seguidores de Pichón que han enriquecido su teoría, puedo decir que ha significado para mí un encuentro con ese vasto mundo interior que tenemos los seres humanos, fuente de creatividad y sabiduría; el cual no es tenido en cuenta en el sistema educativo.

El sistema educativo estimula a los jóvenes para que conozcan el mundo externo y no el mundo intrapsíquico, poniendo el acento en el logro de las mejores notas, cuando para la vida, es mucho más importantes la creatividad, la valentía, el desarrollo de un pensamiento propio, el aprendizaje de gestar y sostener vínculos sanos, profundos, ricos.

Personalmente, he experimentado cómo esta enseñanza original y abierta propuesta por EPR (y transmitida a través de algunas Escuelas de Psicología Social), uniendo práctica y teoría, posibilita que los alumnos perciban que ellos también pueden crear, que no son solamente consumidores de conocimiento. Lo cual se logra, entre otras cosas, gracias a su metodología de “enseñaje” (4) a través de “grupos operativos” para trabajar y trabajar-se. Donde uno aprende junto con otros, en una ronda y no uno detrás de otro como en la eduación tradicional, comparte, aprende a escuchar al otro, a ponerse en su lugar para comprender, la evaluación del proceso no es unidireccional, sino que se evalúa todo el sistema, es decir, no solo los docentes a los alumnos, sino los alumnos a los docentes también, los alumnos entre sí, los coordinadores, la institución, todos los roles que intervienen en el proceso de aprendizaje.

Qué necesario es que el sistema educativo incorpore espacios para la reflexión, para pensar y pensar-se junto con otros, éstos aspectos esenciales para enfrentar los desafíos que la vida nos presenta, y salir del obsoleto modelo que cierra la mente de las personas y desde la escuela infantil a la universidad forma una masa de repetidores de información en lugar de pensadores creativos, capaces de ver el mundo multidimensionalmente, de abordar los problemas sociales desde varios ángulos y, por tanto, de dar respuestas inteligentes a estos conflictos.

El Dr. Enrique Pichón Riviere creó la Escuela de Psicología Social para volver a crear en el individuo plasticidad (adonde no la había), adaptación activa y una capacidad transformadora, tanto hacia adentro (mundo interno) como hacia afuera (mundo externo). Con el otro y junto al otro.

Su metodología es un modelo donde los alumnos desarrollan habilidades como la creatividad y el sentido crítico a través del desarrollo de dinámicas y debates semanales sobre las diferentes temáticas que se abordan en la formación profesional. Una formación que conduce al individuo a reflexionar sobre los valores, las normas, creencias y a desarrollar estructuras de cooperación y solidaridad.

Mi paso por esta formación profesional (5) (1998-2002) ha sido esencial en mi proceso personal de Despertar y Crecer, de allí, mi gratitud al Dr. E.Pichòn Rivière y a todas las personas que hacen posible que esta escuela continúe con su misión formadora de pensadores creativos.

También agradezco especialmente al Psicólogo Social Joaquin Pichon Rivière (3), quien me orientó muy eficazmente a formarme además, como “Counselor” (6) , de acuerdo a mis propias experiencias en el arte de ejercer la Psicología Social.

“Se sostiene que una persona mentalmente sana es aquella capaz de hacer frente a la realidad de una manera constructiva, de sacar provecho de la lucha y convertir a ésta en una experiencia útil, encontrar mayor satisfacción en el dar que en el recibir, y estar libre de tensiones y ansiedades, orientando sus relaciones con los demás para obtener la mutua satisfacción y ayuda, poder dar salida a cierto monto de hostilidad con fines creativos y constructivos, y DESARROLLAR una buena CAPACIDAD de AMAR”
Dr. Enrique Pichòn Rivière.

1 Me refiero a la escuela fundada por Enrique Pichón Riviére en Argentina.
2 http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Pichon-Rivi%C3%A8re
3 Joaquin Pichon Rivière, Psicólogo social, autor del libro "Enrique & Arminda", sobre los relatos inéditos e íntimos de sus padres Enrique Pichon-Rivière y Arminda Aberasturis, pioneros del psicoanálisis y la psicología social del país.
4 Concepto que se refiere que quien enseña también aprende de los alumnos, es un ida y vuelta, bidireccional.
5 Realicé mis estudios de Psicología Social en el IDEPER, de la ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, institución que otorga título oficial de validez nacional. http://www.ideper.com.ar/
6 Counseling: Consultoría Psicológica: es una Formación Profesional de vanguardia, que habilita para trabajar tanto en la prevención como en la promoción del Bien-Estar personal, familiar, de parejas y el despliegue de las potencialidades que todos los seres humanos poseemos. Es la Teoría del Dr. Carl Rogers y el Enfoque Holístico Centrado en la Persona que introdujo a Argentina el Lic. Andrés Sánchez Bodas, desde la aceptación positiva incondicional, la empatía, el cómo y el para qué, desde el qué me pasa con lo que me pasa. Es una Profesión de ayuda maravillosa! http://www.iasde.com.ar/

jueves, 23 de junio de 2011

La Conciencia Humana

Y sus fases de expansión


El ser humano es un microcosmos
Lleva en sí mismo la potencialidad del universo.
Su mente es una parte, en pequeño, de la Gran Mente.
Su alma se conecta con la mente del Todo.
En nuestra tradición Judea Cristiana, estamos creados a "Imagen y semejanza de Dios".

Y su conciencia evoluciona
El autor Ken Wilber divide en tres fases la evolución de la conciencia.
Cada una de las fases representa una expansión de la anterior.
Y al mismo tiempo, la incluye.

1º Fase. La autoconciencia egocentrada: el ser humano se ve a si mismo como una entidad separada.
Vive, lucha y sufre por sus deseos particulares.

2º Fase. La conciencia sistémica: centrada en el alma.
En esta fase la visión se expande y se siente parte de una gran red.
Se coordina el bien particular con el bien de todos.

3º Fase. La conciencia holística: centrada en el espíritu:
El ser humano vibra con el Espíritu Creador.

Transitando fases
¿Dónde estaría la humanidad hoy?
La humanidad, actualmente, estaría transitando la 1º fase, y se observa una minoría creciente que ha comenzado a transitar la 2º fase.
Con la conciencia individual, propia de cada ser humano, nace la auto-expresión, el libre albedrío, la posibilidad de acertar y equivocarse, de construirse, de innovar.
Podríamos decir que el sujeto humano ha gestado una identidad, un yo firme con posibilidad de diferenciarse, de distanciarse, de optar los caminos a tomar.
Y  como contrapartida, al separarnos, perdimos la contención grupal que está en el origen del ser humano.
Perdimos el paraíso de la sintonía y la calidez de “ser con el todo”.
Quizá este es el centro de todo dolor y la búsqueda humana.
En síntesis, ganamos auto-expresión y libertad, pero perdimos la unión con el todo y con nuestro centro, con nuestro ser esencial.

Es un aprendizaje
El egocentrismo fue una meta evolutiva para la humanidad y necesitamos transitarla, ya que no es posible trascender un ego que no se ha desarrollado.
Hoy es preciso dejarla atrás y avanzar para desarrollar otros aspectos.
Aún como humanidad no logramos crear sociedades donde vivan armónicamente la necesidad humana de integración y amor, y la de auto-expresarse y auto-centrarse. (1)
Es un aprendizaje que tenemos pendiente, como humanidad.
Fue nuestra travesía por el desierto. Continuemos la búsqueda de la tierra prometida.

Que tiende a la evolución
Y como la humanidad tiende a la evolución, cada vez es mayor el número de personas que ha comenzado a abrirse a la 2º fase de la conciencia. Las redes sociales e internet aceleran este proceso.
La experiencia del alma es una vivencia de amor y unidad, donde percibimos los lazos que nos unen con todo lo creado.
Esta conciencia es inclusiva, sabe que más allá de la ideología, el color de la piel, de la raza, todos somos uno.
Es unidad, integración.
Podemos percibir que estamos ligados a los otros pero que los otros no viven para mí.
Que la vida nos contiene a todos. Nos sentimos parte del todo y necesitamos "servir", hacer nuestro aporte.
Se trata de encontrarse con el ser esencial y dejarlo que se exprese en plenitud.
En ese encuentro con el alma personal, nos encontramos con el Espíritu Creador que contiene a todos.
Vibramos en armonía y en sintonía con ese campo de energía que nos abarca.
Recién en este estado de conciencia es posible vivir lo que nos dijo Jesús: Amar al otro como a uno mismo.
En este estado de conciencia, sabemos para qué vivimos, qué valores nos mueven, cuáles son nuestras prioridades.
Vivimos coherentemente nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.
Y esto lo irradiamos a quienes se relacionan con nosotros.
Por ello, la transformación de cada persona, cambia el mundo.
En síntesis, en este estado de conciencia, sabemos que formamos parte de un todo en movimiento, un todo que incluye a todos cobijados bajo su manto.
Navegamos en el amor, porque el amor es nuestra conexión con todo lo que existe.
El reconocimiento de que la convivencia con el otro y los otros es necesaria para “ser” en el mundo, nos abre una nueva mirada en la co-creación de la nueva tierra, del nuevo camino.

La 3º fase
La 3º fase nos ha sido mostrada por Jesús, Moisés, Lao Tsé, Buda, que dan testimonio de este nivel de conciencia, y el mensaje común es "el camino es el Amor".
Ellos abren el camino para que nosotros lo transitemos, como un desarrollo de la conciencia humana.
La conciencia holística va más allá de la conexión con todo lo que existe.
Aquí se vivencia que el Todo está en cada parte, y que en cada parte está el Todo.
Alcanzar conscientemente esta unión es la meta de la evolución y añoranza del ser humano.
Esto tiene que ver con las palabras de Jesús: "Mi padre y yo somos uno".
La pérdida de la voluntad personal para encarar la voluntad divina es el calvario de Jesús y su muerte en la cruz.
Jesús nos muestra la pauta de la evolución de la humanidad.
Él es luz y guía que trasciende el tiempo y perdura.
A pesar que muy pocos lo escucharon en su momento y la mayoría lo rechazó, la fuerza de su palabra atravesó el tiempo y transformó el mundo.
Es un mensaje universal, más allá del tiempo y el espacio.

Síntesis
La conciencia de la humanidad evoluciona, de nivel a nivel.
Y es necesario desarrollar, consolidar e integrar cada uno de ellos.
En nuestro proceso de vida personal, estamos llamados a transitar estas fases mencionadas; desarrollando, consolidando e integrándolas.
Y claro que… poder lograrlo… puede que nos lleve toda la vida…
Necesitamos tomar en nuestras manos nuestra propia transformación y evolución, para hacer del mundo un lugar de amor, convivencia, creatividad, realización, donde cada niño que nazca pueda florecer en su máxima expresión.


"El alma vibra en una esfera no perceptible a nuestros sentidos físicos.
En el campo de la unidad esencial del cosmos, por tanto sabe que somos seres pulsantes unidos a todo.
La conciencia del alma es inclusiva.
Sabe que más allá de toda diferencia, de nivel, de raza, de carácter, de ideología, somos esencialmente Uno.
Sabiduría y amor son caras de una misma moneda.
Al intuir que somos Uno, Amamos"
Patricia May

“Todavía no se ha manifestado lo que seremos”.
1 Jn 3, 2

(1) Este temática abordamos en el libro "El Arte de Con-Vivir", editorial San Pablo, 2010.

miércoles, 22 de junio de 2011

Vivir desde el Corazón


Revisar si nuestro pensamiento y nuestra emoción está en armonía con el Amor que habita en nuestro corazón, trascendiendo  los deseos personales, es vivir según la intención de nuestro Ser Interior, ese sabio que todos tenemos dentro.

Busca ser testigo de ti mismo
Busca ser testigo de ti mismo, auto-observar tus propias reacciones para que puedas ser consciente de ellas; porque cuando las miras con amor, pueden ser transformadas.

Asume la plena responsabilidad
Para ello tienes que asumir la plena responsabilidad de tus emociones, agradables o desagradables, elegir conscientemente no culpar a nadie por tus reacciones emocionales y reconocer que el verdadero origen de tus reacciones no está en lo que ocurre en el exterior sino en tu propio interior.

Es en el Corazón
Hay un camino hacia el Corazón que ha sido anunciado por todos los Maestros: Cultiva el silencio, haz contacto con la Naturaleza, ten momentos de soledad, medita y contempla, busca la verdadera belleza, vive con quietud, recupera el sentido de lo sagrado, evita juzgar, reconoce las sincronicidades en tu vida, trabaja en grupo, coopera, vive con sencillez, escucha, elije la calma.

Donde se encuentra la fraternidad, la compasión, la bondad, el respeto, la creatividad, la humildad, ¡el Amor!
La fraternidad, la compasión, la bondad, el respeto, la creatividad, los pensamientos y sentimientos elevados son manifestaciones de la conciencia despierta que nos permite vivir desde el corazón, en unión con nuestra naturaleza divina, y en sintonía con todo lo que existe.

¡Vive desde el Corazón!
Desde la ciencia, hoy sabemos que este “Vivir desde el Corazón” genera un campo de energía que se extiende alrededor del cuerpo, permitiendo a todos los que nos rodean recibir la información energética contenida en nuestro corazón.

Ten presente que tu Corazón tiene una Inteligencia Superior, escúchalo.

¡Adelante! a ¡Vivir desde el Corazón! Ü

Desde mi corazón, te deseo UNA VIDA EN ABUNDANCIA EN TODOS LOS ASPECTOS!

"se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar"
Jn 16,23

lunes, 20 de junio de 2011

Barriendo impurezas...


Cuento tibetano:

Cuentan que un hombre mayor que había recorrido años y kilómetros en la búsqueda del camino espiritual, se topó un día con un monasterio perdido en las sierras.

Al llegar allí, tocó a la puerta y pidió a los monjes que le permitieran quedarse a vivir en ese lugar para recibir enseñanzas espirituales. El hombre era analfabeto, muy poco ilustrado, y los monjes se dieron cuenta de que ni siquiera podría leer los textos sagrados, pero al verlo tan motivado decidieron aceptarlo.

Los monjes comenzaron a darle, sin embargo, tareas que, en un principio, no parecían muy espirituales.

-"Te encargarás de barrer el claustro todos los días” -le dijeron.

El hombre estaba feliz. Al menos, pensó, podría reconfortarse con el silencio reinante en el lugar y disfrutar de la paz del monasterio, lejos del mundanal ruido.

Pasaron los meses, y en el rostro del anciano comenzaron a dibujarse rasgos más serenos, se lo veía contento, con una expresión luminosa en el rostro y mucha calma. Los monjes se dieron cuenta de que el hombre estaba evolucionando en la senda de la paz espiritual de una manera notable.

Un día le preguntaron:

-"¿Puedes decirnos qué práctica sigues para hallar sosiego y tener tanta paz interior?”

-"Nada en especial. Todos los días, con mucho amor, barro el patio lo mejor que puedo. Y al hacerlo, también siento que barro de mí todas las impurezas de mi corazón, borro los malos sentimientos y elimino totalmente la suciedad de mi alma”

De este modo el hombre se fue tornando un ejemplo para los monjes, quienes comenzaron a admirarlo y a ofrecerles tareas más importantes, pero el anciano prefirió seguir barriendo las impurezas.

Y cuentan que un día su corazón quedó tan limpio y puro que despertó a la conciencia universal, y aún así, continuó barriendo...


Quien pueda entender, que entienda.
Mateo 19,12

viernes, 17 de junio de 2011

Cuando los hijos crecen

Tenemos que confiar en la fuerza de su alma para hacer su propio camino; y esencialmente, en la Fuerza Superior que nos guía a todos.

Es tiempo de soltar la maternidad que tiende a ser demasiado protectora, ansiosa, dominante y controladora.

Así como para un niño pequeño es esencial el contacto pleno con su madre, cuando este niño crece y se convierte en un joven, es necesario que las madres soltemos esa parte maternal que tiende a ser demasiado protectora, ansiosa, dominante y controladora.

Después de todo, hay que ser conscientes que ese ser no nos pertenece, sí es real que ha nacido a través nuestro, a través de nuestro cuerpo, pero eso no significa que sea de nuestra propiedad.

Cada ser es un alma por derecho propio, queriendo moldear y crear su vida a su modo.
Como madres, es necesario que seamos conscientes que cada ser viene a la Vida para hacer su propio camino, y nosotras debemos respetarlos.

En nuestra cultura, la maternidad suele ser asociada con tomar y controlar, desde la creencia que “una buena madre nunca deja de luchar por sus hijos”. Pero cuando los hijos crecen, las madres tenemos que confiar en la fuerza y capacidades innatas de su alma para resolver los asuntos que encontrará durante su camino de vida.

Tenemos que aprender a “dejar ser” a nuestros hijos.
Esta actitud interior no es más que una fe madura, es decir, confiar en ese Poder Superior, en esa Sabiduría Superior que nos guía a todos, siempre.

Soltar el deseo de controlar, rendir la propia aflicción a esta Fuente de Sabiduría Superior, nos despierta a niveles de espiritualidad muy profundos.
Comenzamos a comprender que la paz y libertad interior que todos anhelamos no es posible alcanzarla queriendo tener control sobre la Vida. Pues claro! ese no es nuestro lugar aquí!

Esta maternidad espiritual implica poder soltar nuestros miedos y expectativas acerca de nuestros hijos. Nuestro mayor logro es permitirles ser quien verdaderamente es, dejando atrás el deseo de control, el miedo, las expectativas, etc. que, cuando han crecido, les quita energía vital a nuestros hijos.

Cuando nuestros hijos crecen, es necesario estar presentes como un alma que acompaña, como una madre en el sentido espiritual de la palabra; y soltar las emociones de la madre terrenal que tienden a aferrarse y no permiten avanzar hacia adelante, hacia la Vida.

Cuando aprendemos a soltar, a dejar ser, aceptar que las cosas son como son, y nos desprendemos de la maternidad aprensiva, controladora, que quiere resolverlo todo; nos transformamos en una madre espiritual, que ve y que sostiene a sus hijos apoyando sus manos en la espalda de ellos; permitiéndoles así que libremente miren hacia adelante, hacia la Vida.

Una madre que ha desarrollado esta dimensión espiritual ya no quiere cambiar a sus hijos, sino que quiere honrarlos por lo que son: Un alma que va a seguir su verdadero camino propio en la vida.

¿Qué no es fácil? ya lo sé... a las madres nos cuesta soltar, pero todas queremos hijos felices verdad? La Vida ordena!

Entonces, no nos inmiscuimos en la vida de los hijos cuando ya son adultos, pero lo que si podemos hacer es mantener nuestros brazos abiertos para que vengan cuando ellos lo necesiten, con la seguridad de que encontrarán unos brazos amorosos para apoyarlos.

Meditación para liberarse de preocupaciones (adaptada de Bert Hellinger)
Cierra ahora los ojos y coloca delante de ti las penas, las preocupaciones y los miedos acerca de alguna persona.
Coloca todo esto delante de ti, a cierta distancia y luego mira más allá de ello, hacia una Luz lejana y hacia algo infinito. Es la Luz de la Vida.
Quédate presa de esta Luz, atraída por ella.
Esta Luz te atrae y atrae también en aquella dirección todo lo que has colocado delante de ti.
Todo está aspirado lejos de ti, hacia aquel punto donde encuentra finalmente la tranquilidad.
Y tú expiras, al fin.
Tenemos problemas porque miramos con una mirada corta, tenemos que aprender a mirar más allá y sintonizar con la Fuerza de la Vida que mueve a todo y todos.
Toma conciencia de qué pequeño es lo que te preocupa, y qué grande es lo que te guía.
Acoge al sentimiento que has sido siempre guiado y siempre lo serás.

La libertad está a nuestro alcance cuando nos atrevemos a soltar y a confiar en la mano de Amor que nos ha guiado, nos guía y siempre nos guiará.
Ahora es tiempo de celebrar la vida.
¡Así sea!

…el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.
Jn 16, 13

"La preocupación por otros se va calmando 
si uno confía en que una fuerza buena
los guía a ellos no menos que a nosotros"
Bert Hellinger

jueves, 16 de junio de 2011

Eclipse de Luna del 15 de junio de 2011

¡Honremos el UNIVERSO!


Sobre el Amor sano y adulto por uno mismo


Cuando somos niños, el miedo al abandono nos obliga muchas veces a ser lo que no somos para agradar a otros y evitar ser rechazados. Y así, a cambio de este sacrificio, nos garantizamos el cuidado, amor y valoración de nuestro entorno.

Hoy, ya adultos, podemos revisar y ver si estas creencias operan aún dentro nuestro, obstaculizando el vínculo con nosotros mismos. Podemos permitirnos aprender a relacionarnos desde nuestro propio “ser esencial”.

Y … ¿cómo?. Escuchando nuestra voz interior, prestando más atención a nuestros deseos profundos, conociendo qué es lo que queremos, y no sólo qué es lo que debemos hacer para ser aceptados, queridos o aplaudidos por los demás.

Muchas veces, este aspecto del amor por uno mismo suele confundirse con egoísmo. Pero la salud integral (y casi diría la felicidad), no puede sostenerse sin un verdadero compromiso afectivo con uno mismo.

El aspecto negativo se da cuando la actitud no es la de “hacer aquello que más me agrada”, sino cuando lo único que importa es lo mío y lo que a mí me conviene, cuando pretendo que los otros hagan solamente lo que a mí me gusta. En otras palabras, no es querer hacer lo que yo elijo porque me hace bien, sino querer que vos hagas siempre lo que quiero yo. Estas actitudes insanas, por cierto, no manifiestan una persona que se ame a sí misma, dado que el amor por los demás y el amor por uno mismo tienen la misma raíz. Son actitudes antisociales que nada tiene que ver con desarrollar un saludable amor por uno mismo.

Si aún no hemos aprendido a desarrollar un sano y adulto amor a uno mismo, podemos animarnos y comenzar de a poco: a estar donde decidimos estar, pensar lo que pensamos, elegir decirlo o callarlo, sentir como sentimos. Y, claro está, haciéndonos responsables de las consecuencias de aquello que elegimos.

Estas actitudes positivas nos transforman en adultos más sanos porque simplificando al máximo la definición, la neurosis no es más que el resultado de la gran contradicción entre lo que quisiéramos hacer naturalmente y lo que debemos hacer porque así nos enseñaron que es lo correcto, lo que corresponde.

Y este “estar bien con uno mismo” se traduce luego en una apertura y entrega a otros, en un descubrimiento del placer de dar, la satisfacción de ser solidario y la necesidad de expandir ese amor más y más lejos. Porque es desde allí desde donde me puedo conectar con el otro, con su sufrimiento o dolor, y él me dará la posibilidad de dar.

Y es bueno conocer qué es verdaderamente lo que me mueve a dar a otros, porque puedo hacerlo porque así me lo enseñaron, o porque me siento culpable de tener lo que otros no tienen, o por miedo a ser castigado por Dios si no lo hago (¡¡¡vaya mentira!!!), o porque creo que cuando doy me vuelve multiplicado …

Pero la mayor razón, aquella que mueve a un adulto sano hacer algo por otro/s es que ha descubierto el propio placer de dar, y no quiere privarse de hacer lo que le hace bien a él y a otros.
“Hay quienes dan con alegría y esa alegría es su premio”
Khalil Gibran

A partir de desarrollar nuestra propia capacidad de amarnos sanamente a nosotros mismos, es como vamos encontrando más espacios y más formas de amar al otro.


martes, 14 de junio de 2011

Sanar el vínculo con uno mismo

Punto de partida del Crecimiento y Desarrollo Personal

“Si haces amistad contigo mismo, nunca estarás solo”.
M. Maltz
"No hay tiempo para estar apurado, no lo hay para la preocupación; en un solo instante ¿qué se puede hacer? Sólo una cosa: establecer contacto contigo mismo. Esta será la gran transformación de tu ser. Y ciertamente es lo más urgente” 
Osho
Las causas de nuestro dolor
Estar en desacuerdo con nosotros mismos, nos provoca un gran dolor.
Rechazamos aspectos de nuestro cuerpo y también, de nuestro psiquismo
La sabiduría oriental nos dice que las dos causas del dolor son: el apego y el rechazo.
Cuando quedamos atrapados en algunas de estas dos fuerzas: atracción y rechazo, sentimos una lucha interna.
Lo principal es darse cuenta de cuándo uno está siendo cruel con uno mismo.
Y cómo uno fortalece lo que rechaza, por el solo hecho de rechazarlo.
El vínculo consigo mismo requiere tanto trabajo, o más, que el que uno tenga con cualquier otra persona.
Sanar el vínculo con uno mismo es una tarea que implica un proceso.
Un proceso que será necesario sostener en el tiempo.

El origen del auto-rechazo
¿Porqué uno se rechaza a sí mismo?, ¿cuál es el origen de ese auto rechazo?
Una de las principales causas del auto rechazo es cuando nos miramos desde los ojos de los demás.
Otra es cuando nos evaluamos desde el ideal, desde un modelo de perfección de uno mismo.
Es decir, cuando estamos en desconexión con nuestra interioridad, con nuestra alma, con nuestra real esencia.

Cuando nos miramos desde los ojos de los demás
Entonces, cuando creemos que no somos como los demás quieren que seamos, nos rechazamos.
Si fuera como los demás esperan que yo sea, entonces sí me aceptaría.
Porque entonces sí sería digno de amor.
En tanto uno no es así, se rechaza.
Aprendamos a auto-observarnos cuándo nos rechazamos, porque nos miramos desde los ojos de los demás.

Cuando nos miramos desde el ideal de uno mismo
Otra de las causas de auto rechazo es cuando sentimos que no somos perfectos como debería serlo.
En este caso, nos miramos desde un ideal de uno mismo.
Y si siento que soy imperfecto, que esto no está a la altura de lo que espero de mi mismo, me rechazo.
Acá hay auto exigencia, presión exagerada, reproche, tiranía y rechazo que genera mucha amargura interior.

¿Cómo tomamos conciencia?
La psicología humanista nos enseña la técnica de la auto-observación.
La cual permite verse uno mismo en acción.
Se trata de aceptar. Y el cambio viene a partir de esta aceptación.
Carl Rogers nos dice al respecto:
“Paradójicamente, cuando me acepto como soy, puedo modificarme.
No podemos cambiar, no podemos dejar de ser lo que somos, en tanto no nos aceptemos tal como somos.
Una vez que nos aceptamos, el cambio parece llegar casi sin que se lo advierta”.

El aprendizaje desde el amor
Cuando aparece alguien en nuestra vida que nos mira desde el amor, como sería sano que nos viésemos a nosotros mismos desde el alma, esa experiencia nos puede generar una des-estructuración.
Desde allí, habrá condiciones para re-plantearse el lugar desde donde uno se mira.
Cuando alguien mira con amor a otro persona, estará enseñándole el camino de la aceptación, del amparo.
Y generando condiciones para mejorarse a si mismo.
Ya no desde el tirano, sino desde el un lugar más profundo y sano.
Desde el: “vos podés porque ya está dentro tuyo, no hay nada que fabricar; déjate ser”.
Si la vivencia se hace desde la profundidad del ser, podrá ser posible el proceso de transformación y sanación.
También hay casos donde la persona no puede creer que la amen, y huye.

Cultivar y cuidar
Así como gestar un vínculo con otra persona no se da por el hecho de encontrarse, sino que pasa por diversas pruebas y dificultades, y es necesario cuidarlo y cultivarlo; de la misma manera sucede con el vínculo con uno mismo.
Requiere observación, amor y, principalmente, mucha paciencia.
Lo importante es experimentar una conciencia de si mismo.
Darse cuenta que hemos estado con nosotros mismos en las buenas y en las malas: ¡cuento conmigo!.
Ensayemos sentir respeto por uno mismo, podemos sentir nuestras partes superficiales, pero sobre todo, sintonicemos con nuestro verdadero ser, nuestra esencia.
Y tomemos conciencia que podemos cultivarla en el tiempo.

Carl Rogers, desde la psicología humanista, explica este proceso de esta manera:
"Soy más eficaz cuando puedo escucharme con tolerancia y ser yo mismo.
Con el transcurso de los años he adquirido una mayor capacidad de auto-observación que me permite saber con más exactitud que antes lo que siento en cada momento:
-puedo reconocer que estoy enojado o
-que experimento rechazo hacia esta persona,
-que siento calidez y afecto hacia este individuo,
-que estoy aburrido y no me interesa lo que está pasando,
-que estoy ansioso por comprender a este individuo o
-que mi relación con determinada persona me produce ansiedad y temor.
Todas estas actitudes son sentimientos que creo poder identificar en mí mismo.
En otras palabras, creo que soy más capaz de permitirme ser lo que soy.
Me resulta más fácil aceptarme como un individuo decididamente imperfecto, que no siempre actúa como yo quisiera.
Quizás este punto de vista pueda resultar bastante extraño para algunas personas.
Sin embargo, lo considero valioso a causa de que, paradójicamente, cuando me acepto como soy, puedo modificarme.
Creo que he aprendido esto de mis pacientes, así como de mi propia experiencia: no podemos cambiar, no podemos dejar de ser lo que somos, en tanto no nos aceptemos tal como somos.
Una vez que nos aceptamos, el cambio parece llegar casi sin que se lo advierta."

Síntesis
La tarea es aprender a verse a sí mismo sin juzgarse.
Lo cual se traducirá, poco a poco, en una congruencia entre lo que se siente y lo que se expresa de sí mismo.
La autenticidad es el camino.
Un camino nada fácil… pero quizás el verdadero.

Para reflexionar
El rechazo de uno mismo se da en niveles superficiales.
Y en verdad, cada uno de nosotros somos una chispa divina, una porción del Todo, de esa Esencia creadora.
Con lo cual, cuando nos ponemos en contacto con nuestro interior, con nuestros aspectos más profundos, podemos encontrarnos con el Maestro Interior que nos habita a todos.
Él está adentro de cada uno de nosotros, hay que aprender a encontrarlo.

La espiritualidad nos ilumina el camino
“He venido para que tengan vida y vida en abundancia”.
Juan 10:10

Encontrarse con uno mismo fortalece y renueva nuestro espíritu; generando así más alegría, entusiasmo, optimismo. 


Librerías virtuales para adquirir los libros de M. Guadalupe Buttera:

jueves, 9 de junio de 2011

Un antiguo mensaje para recordar

Una vez, un rey citó a todos los sabios de la corte, y les manifestó:

-"Me he mandado hacer un precioso anillo con un diamante con uno de los mejores orfebres de la zona.
 Quiero guardar oculto dentro del anillo, algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación o desorientación.
Me gustaría que ése mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos.
Tiene que ser pequeño, de forma tal, que quepa debajo del diamante de mi anillo".

Todos aquellos que escucharon los deseos del Rey eran grandes sabios, eruditos que podrían haber escrito grandes tratados... pero ¿pensar en un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo del diamante de un anillo?
Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada que se ajustara a los deseos del poderoso Rey.

El rey, tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él, cuando su madre había muerto. Era tratado como de la familia, y gozaba de un enorme respeto de todos.
El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:

-"No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje.’

-"¿Cómo lo sabes?" preguntó el Rey.

-‘Durante mi larga vida en el palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un místico. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó yo lo acompañé hasta la puerta para despedirlo, y como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje".

En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.

-"Pero no lo leas - dijo. Manténlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida a una situación".

Ese momento no tardó en llegar El país fue invadido y el rey perdió el reino.

Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa. y frente a él, había un precipicio y un profundo valle, caer por él, sería fatal. No podía volver atrás porque el enemigo le cerraba el camino.

Podía escuchar el trotar de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.

Fue entonces, cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento.

Simplemente decía:

"ÉSTO TAMBIÉN PASARÁ"

Fue en ése momento en que fue consciente de que se cernía sobre él, un gran silencio.
Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto, es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.
El rey, se sintió profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido.
Esas palabras habían resultado milagrosas.
Dobló el papel. volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente sus ejércitos. y reconquistó su reinado.
Ese día en que entraba nuevamente victorioso a su ciudad, hubo una gran celebración con música, bailes... y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.

En ése momento, nuevamente el anciano estaba a su lado, y fue cuando le dijo:

-"Apreciado rey, ha llegado el momento para que leas nuevamente el mensaje del anillo".

-¿Qué quieres decir? preguntó el rey. Ahora estoy viviendo una situación de euforia, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo".

-"Escucha, dijo el anciano, este mensaje no es únicamente para situaciones desesperadas. También es para situaciones placenteras. No es solo para cuando te sientas derrotado; también es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero".

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "ESTO TAMBIÉN PASARÁ", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo llamado "malo" era tan transitorio como lo llamado "bueno".

Entonces el anciano le dijo:

-"Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes.
Como el día y la noche: hay momentos de alegría y momentos de tristeza.
Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas"

Autor Desconocido