lunes, 19 de julio de 2010

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego”

por Simone Seija Paseyro


Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. 
Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.

Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.

 Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un exámen, o para cerrar una noche de cine. Las de “veníte el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.

El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.
Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar.

Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.

Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.

Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.

Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.

Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.

 Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.

Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón: 
¡FELIZ DÍA!

jueves, 1 de julio de 2010

La Conciencia Humana

Y sus fases de expansión

"El ser humano es el universo que se mira a si mismo y, sorprendido, se da cuenta de que existe".
Patricia May, antropóloga


¿Qué es el ser humano?
El ser humano es un microcosmos.
Lleva en sí mismo la potencialidad del universo.
Su mente es una parte, en pequeño, de la Gran Mente.
Su alma se conecta con la mente del Todo.
En nuestra tradición Judea Cristiana, estamos creados a "Imagen y semejanza de Dios".

Fases de expansión
El autor Ken Wilber divide en tres fases la evolución de la conciencia.
Cada una de las fases representa una expansión de la anterior.
Y al mismo tiempo, la incluye.

1º Fase. La autoconciencia egocentrada, el ser humano se ve a si mismo como una entidad separada.
Vive, lucha y sufre por sus deseos particulares.

2º Fase. La conciencia sistémica: centrada en el alma. En esta fase la visión se expande y se siente parte de una gran red. Se coordina el bien particular con el bien de todos.

3º Fase. La conciencia holística: centrada en el espíritu. El ser humano vibra con la energía del cosmos.

¿Dónde está la humanidad hoy?
La humanidad, actualmente, está transitando la 1º fase y se vislumbra una minoría creciente que ha comenzado a transitar la 2º fase.
Con la conciencia individual, propia de cada ser humano, nace la auto expresión, el libre albedrío, la posibilidad de acertar y equivocarse, de construirse, de innovar.
Podríamos decir que el sujeto humano ha gestado una identidad, un yo firme con posibilidad de diferenciarse, de distanciarse, de optar los caminos a tomar.
Y como contrapartida, al separarnos, perdimos la contención grupal que está en el origen del ser humano.
Perdimos el paraíso de la sintonía y la calidez de “ser con el todo”.
Quizá este es el centro de todo dolor y la búsqueda humana.
En síntesis, ganamos auto expresión y libertad, pero perdimos la unión con el todo y con nuestro centro, con nuestro ser esencial.

Continuar el camino de evolución
El egocentrismo fue una meta evolutiva para la humanidad y necesitamos transitarla, ya que no es posible trascender un ego que no se ha desarrollado.
Hoy es preciso dejarla atrás y avanzar para desarrollar otros aspectos.
Aún como humanidad no logramos crear sociedades donde vivan armónicamente la necesidad humana de integración y amor, y la de auto expresarse y auto centrarse.
Es un aprendizaje que tenemos pendiente, como humanidad.
Fue nuestra travesía por el desierto. Continuemos la búsqueda de la tierra prometida.

En el actual momento de la historia, una transformación radical que haría temblar el mundo radicaría en el hecho de que cada cual evolucionara hacia un ego realmente maduro, racional y consciente, un ego que fuera capaz de participar libremente en el intercambio abierto de respeto mutuo...”
Ken Wilber

La humanidad tiende a la evolución
Y como la humanidad tiende a la evolución, cada vez es mayor el número de personas que ha comenzado a abrirse a la 2º fase de la conciencia.
La experiencia del alma es una vivencia de amor y unidad, donde percibimos los lazos que nos unen con todo lo creado.
Esta conciencia es inclusiva, sabe que más allá de la ideología, el color de la piel, de la raza, todos somos uno.
Es unidad, integración.
Podemos percibir que estamos ligados a los otros pero que los otros no viven para mí.
Que la vida nos contiene a todos. Nos sentimos parte del todo y necesitamos "servir", hacer nuestro aporte.
Se trata de encontrarse con el ser esencial y dejarlo que se exprese en plenitud.
En ese encuentro con el alma personal, nos encontramos con el Gran Alma que contiene a todos.
Vibramos en armonía y en sintonía con ese campo de energía que nos abarca.
Recién en este estado de conciencia es posible vivir lo que nos dijo Jesús: Amar al otro como a uno mismo.
En este estado de conciencia, sabemos para qué vivimos, qué valores nos mueven, cuáles son nuestras prioridades.
Vivimos coherentemente nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.
Y esto lo irradiamos a quienes se relacionan con nosotros.
Por ello, la transformación de cada persona, cambia el mundo.

En síntesis, en este estado de conciencia, sabemos que formamos parte de un todo en movimiento, un todo que incluye a todos cobijados bajo su manto.

Navegamos en el amor, porque el amor es nuestra conexión con todo lo que existe.

El reconocimiento de que la convivencia con el otro y los otros es necesaria para “ser” en el mundo, nos abre una nueva mirada en la co-creación de la nueva tierra, del nuevo camino.

La 3º fase
La 3º fase nos ha sido mostrada por los grandes maestros de la humanidad.
Maestros como Jesús, Moisés, Lao Tsé, Buda, dan testimonio de este nivel de conciencia, y el mensaje es el mismo.
Ellos abren el camino para que nosotros lo transitemos, como un desarrollo de la conciencia humana.
La conciencia holística va más allá de la conexión con todo lo que existe.
Aquí se vivencia que el Todo está en cada parte, y que en cada parte está el Todo.
Alcanzar conscientemente esta unión es la meta de la evolución y añoranza del ser humano. Esto tiene que ver con las palabras de Jesús: "Mi padre y yo somos uno".
La pérdida de la voluntad personal para encarar la voluntad cósmica es el calvario de Jesús y su muerte en la cruz.
Jesús nos muestra la pauta de la evolución de la humanidad.
Él es luz y guía que trasciende el tiempo y perdura.
A pesar que muy pocos lo escucharon en su momento y la mayoría lo rechazó, la fuerza de su palabra atravesó el tiempo y transformó el mundo.
Es un mensaje universal, más allá del tiempo y el espacio.
Ken Wilber sostiene que este estado de la conciencia se encuentra total y completamente presente, que es compatible con todos y cada uno los estados de conciencia a los que el ser humano tiene acceso, y que el ser humano ya lo tiene.

"El alma vibra en una esfera no perceptible a nuestros sentidos físicos.
En el campo de la unidad esencial del cosmos, por tanto sabe que somos seres pulsantes unidos a todo.
La conciencia del alma es inclusiva.
Sabe que más allá de toda diferencia, de nivel, de raza, de carácter, de ideología, somos esencialmente Uno.
Sabiduría y amor son caras de una misma moneda.
Al intuir que somos Uno, Amamos"
Patricia May

Síntesis
-La conciencia de la humanidad evoluciona, de nivel a nivel.
Y es necesario desarrollar, consolidar e integrar cada uno de ellos.
-En nuestro proceso de vida personal, estamos llamados a transitar estas fases mencionadas; desarrollando, consolidando e integrándolas.
Y claro que… poder lograrlo… puede que nos lleve toda la vida…

Para reflexionar
Necesitamos tomar en nuestras manos nuestra propia transformación y evolución, para hacer del mundo un lugar de amor, convivencia, creatividad, realización, donde cada niño que nazca pueda florecer en su máxima expresión.