lunes, 15 de febrero de 2010

¿Cómo nos vinculamos con nuestras EMOCIONES?



“Si haces amistad contigo mismo, nunca estarás solo”. M. Maltz

Nuestra dimensión emocional se desarrolla en los primeros años de nuestra vida, y la manera que hemos aprendido a vincularnos con nuestras emociones quizá ya no nos resulta eficaz hoy, si no somos felices.

El primer paso en el trabajo sobre nuestras emociones es aprender a discernirlas. ¿Qué estoy sintiendo?, ponerle nombre a esas emociones. Tarea nada fácil y que requiere de un entrenamiento. La tarea consiste en aprender a desarrollar una atención firme, intensa, profunda, que pueda sostenerse aún, en medio de la emoción.

Cuando comenzamos este trabajo podemos ver que muchas veces las emociones nos atrapan y no puedo observarme porque es más fuerte que yo. Tranquilos!! A no desesperar! Solo tenemos que insistir en el aprendizaje, perseverar y de a poco, con la práctica, vamos a ir aprendiendo a auto observarnos en medio de las emociones, sin dejarnos devorar por ellas. Con la práctica suficiente vamos fortaleciéndonos para no quedar confundidos en medio del dolor, el enojo, el miedo.

Y no podemos quedarnos solo con la observación de uno mismo, el otro aspecto que necesitamos aprender es el estudio de si mismos.
Y ¿cómo hacerlo? Una técnica muy eficiente es registrar lo que vamos observando, así como lo hace cualquier científico. Luego necesitamos analizar que subyace a eso que nos pasa, ver qué creencias sostiene esa conducta, desde dónde he aprendido a reaccionar de esa manera que hoy no me hace bien.

Cuando observo mi propia angustia, y me permito sentirla, vivirla, veo los pensamientos y creencias que la acompañan, algo distinto comienza a suceder, veo la realidad desde otra óptica. Y es importante tener en cuenta los pilares de la transformación: darse cuenta, darse tiempo y darse amor. Necesitamos tiempo para poder digerir lo que vamos descubriendo dentro nuestro. Tiempo y también ayuda mucho este proceso tener un referente significativo que nos acepte así como somos, sin juzgarnos, que podría ser un buen amigo o un consultor/a que nos mire amorosamente.

El psiquiatra suizo, Carl Jung homologaba ese proceso con la alquimia, sostener la atención sobre las emociones dolorosas equivale al tiempo en que los metales se funden, se queman, y ese paso es necesario para que el metal se convierta en otra cosa. Por ejemplo en el oro: algo que no se oxide, ni corrompa…. Como nuestro propio “ser”.

En los proceso de duelo sucede algo parecido, lo principal es no evitarlos, participando concientemente de ese proceso, ver lo que sucede en nuestro interior, y si no nos detenemos en el proceso de duelo, en algún momento ese trabajo que hicimos y que parece no dar frutos, se van dando pequeños cambios que derivan en una avance en la madurez, en la comprensión; como el ave fénix que resurge de sus cenizas.

Entonces, el principal trabajo con nuestras emociones es modificar el modo en que nos vinculamos con lo que sentimos.
Ejemplo: siento celos, me parece muy mal sentirlos, me siento una mala persona por eso, no me gusta, cómo yo voy a sentir eso…, y si aprendo a no identificarme con eso que siento (porque yo soy mucho más que ese que siento ahora) puedo hacerme cargo de que siento lo que siento; tener una actitud de aceptación, de que está bien porque soy un ser humano y esto es parte de la condición humana, ser amable con eso que siento, comprenderlo, validarlo, lo cual permitirá que no lo actúe dañando a nadie y principalmente, me permitirá avanzar en mi proceso de crecimiento personal.

Y desde esa actitud, puedo escuchar lo que mi emoción tiene para decirme de mi, mi miedo, mi bronca, mi dolor, mi envidia, quiere decirme algo sobre mí, sobre mi historia, sobre cómo me veo a mi mismo. Hay algo que debo aprender para continuar mi proceso de maduración y desarrollo personal. Si no lo hago, el cuerpo me hablará a través de distintas enfermedades.

Aprendamos a ser nuestros mejores amigos.
Si tengo un amigo que siente bronca, podré escucharlo, aceptarlo desde mi afecto, ayudarlo a que trabaje esa emoción, pero muchas veces uno es tan cruel con uno mismo como no lo sería con ninguna otra persona. Necesitamos aprender a desarrollar esa mirada amable y firme hacia uno mismo.
Si lo logro, puedo ver sin juzgar lo que siento, verificando qué creencias están operando dentro mío, dónde aprendí cada conducta para defenderme, qué es lo que verdaderamente significa ser auténtico, porque podemos ser auténticos verdaderamente cuando exploramos quienes somos en verdad. La persona verdaderamente auténtica simplemente es lo que es; se permite ser, y esto se irradia, los otros lo perciben.
Claro que para ser auténtico se necesita mucho coraje, porque no voy a ponerme una máscara para que me quieras y aceptes.

Síntesis
Tenemos que aprender a ponerles nombres a las emociones apenas aparecen para poder distinguirlas sin que nos engañen.
Todo un trabajo este que requiere de entrenamiento en la vida cotidiana y con los propios vínculos.