miércoles, 1 de octubre de 2008

Conocer las etapas de nuestro ciclo vital

Nos ayuda a transitar despiertos nuestro desarrollo y el de nuestros hijos

“La sabiduría es el mejor legado que podemos dejar a nuestros hijos”

Relato
Erik Erikson (1902-1994) fue un psicólogo estadounidense de origen alemán que se destacó en sus contribuciones en la psicología evolutiva del hombre.
Su padre biológico lo abandonó a él y a su madre cuando nació.
Y su madre se casó con su pediatra, cuando él tenía tres años.
Luego de terminar la secundaria y antes de plantearse qué hacer con su vida, se dedicó a estudiar arte; y cuando no asistía a clases, vagaba por Europa, visitando museos y durmiendo debajo de los puentes.
Más tarde se dedicó a enseñar arte, logró un certificado de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, y se psicoanalizó con Anna Freud. Luego se casó y tuvo tres hijos.
En el momento en que los nazis toman el poder, abandonan Viena y se dirigen a Estados Unidos. Practicó psicoanálisis de niños en su consulta privada, y se relacionó con psicólogos y antropólogos muy prestigiosos, que tuvieron una fuerte influencia en él. Realizó estudios sobre los indios Lakota y los Yurok, y escribió un libro sobre la influencia de la cultura en la personalidad.
Trabajó, enseñó, se jubiló y no dejó de escribir hasta el resto de su vida.

Psicoeducación
Las ocho etapas del ciclo vital según Erik Erikson
Erik Erikson fue pionero en la teoría que incluye el aspecto social en el desarrollo de la personalidad de los individuos.
Discrépó con Freud, sosteniendo que las personas son seres activos buscando adaptarse a su ambiente, más que pasivos esclavos de impulsos. Erikson sostiene que el hombre se desarrolla y crece desde su nacimiento hasta la muerte.
Y elaboró su teoría de las ocho etapas del ciclo vital de los seres humanos.
En cada etapa emerge una crisis de desarrollo, de las cuales salimos con éxito o no.
Y una resolución exitosa tendrá que ver con un equilibrio entre los dos polos de la crisis. Analicemos y meditemos cómo transitamos nuestras propias crisis vitales, y también cómo acompañamos a nuestros hijos.

I. Confianza Básica vs. DesconfianzaDesde el nacimiento hasta aproximadamente los 18 meses.La relación significativa de esta etapa es la madre.
Se desarrolla el vínculo que será la base de sus futuros vínculos con otras personas significativas.
Cuando la madre provee al bebé sus cuidados amorosos, el niño desarrollará el sentimiento que el mundo es un lugar seguro, y que las personas son confiables.
Además, el niño aprende a confiar en su propio cuerpo y las necesidades biológicas que van con él.
Si los padres son desconfiados o rechazan al bebé; el bebé desarrollará desconfianza.
También influirá el sentimiento de confianza que los padres tengan en sí mismos y en los demás; porque se lo reflejarán a sus hijos.
La resolución positiva estará dada en el equilibrio entre estos polos del conflicto, confianza, des-confianza; a partir de desarrollar suficiente confianza, sin eliminar completamente la capacidad para desconfiar.
La fuerza que emerge de la resolución positiva de esta crisis es la esperanza y la fe.
Si la resolución es negativa, habrá un retraimiento.
Uno de los signos que nos indican si el niño va bien en este primer estadio es si puede ser capaz de esperar, sin demasiado llanto, a demorar la respuesta a la satisfacción de una necesidad: confío lo suficiente en mamá y papá, si ellos no pueden estar aquí inmediatamente, lo estarán muy pronto.
Esta habilidad la utilizaremos más tarde ante situaciones de desilusión, en el amor, en la profesión y en otros ámbitos de nuestra vida.

II. Autonomía vs. Vergüenza y DudaDesde los 18 meses hasta los 3 años aproximadamente.Acá las relaciones significativas son los padres; y la tarea primordial es alcanzar un cierto grado de autonomía, conservando un toque de vergüenza y duda.
Ya que sin este toque de vergüenza y duda, se desarrolla lo que Erikson llama impulsividad.
Si papá y mamá, y otros cuidadores que entran en escena en esta época, permiten que el niño explore y manipule su medio, desarrollará un sentido de autonomía o independencia.
En cambio, si los padres acuden y sustituyen las acciones dirigidas a explorar y a ser independiente, el niño se dará por vencido, y asumirá que no puede hacer las cosas por sí mismo. Hay que tener presente que burlarse de los esfuerzos del niño puede llevarlo a sentirse avergonzado y dudar de sus habilidades.
Como ya dijimos, para una resolución positiva se requiere un equilibrio.
Entonces, los padres no deben desalentarlo ni tampoco empujarlo demasiado.
Para que el niño desarrolle una autonomía suficiente, hay que ser suficientemente pacientes y tolerantes, pero firmes a la vez.
Por otro lado, si hay demasiada vergüenza y duda, habrá compulsión.
Además, esta etapa está relacionada con el control de los esfínteres; y este desarrollo es lento, progresivo, y no siempre estable.
Por lo cual, el niño pasa por momentos de vergüenza y duda.
El niño comienza a desarrollar voluntad y autocontrol de un yo naciente; y se afirma muchas veces oponiéndose a los demás.
Experimenta una primera emancipación que se repetirá en posteriores etapas, de diferentes maneras.

III. Iniciativa vs. CulpaDesde los 3 hasta los 6 años aproximadamente.Esta tercera etapa se da en la edad del juego y la relación significativa es con la familia.
La tarea primordial es aprender la iniciativa sin una culpa exagerada.
La iniciativa sugiere aprender nuevas habilidades y sentirse útil, asumiendo responsabilidades.
Los padres pueden animar a sus hijos a tener imaginación y curiosidad, y también a llevar a cabo sus ideas.
Este sentimiento de iniciativa es la base real de un sentido de finalidad y propósito.
Ahora bien, si hay demasiado iniciativa y muy poca culpa, habrá una tendencia mal adaptativa que Erikson llama crueldad.
Ya que el niño tiene su propósito claro, pero no le importaría a costa de qué lo logrará.
Por el contrario, si la culpa es exagerada, habrá inhibición.
Por ello, la resolución positiva está en el equilibrio de ambos polos, que llevará al coraje y capacidad para la acción, con un conocimiento claro de las limitaciones.

IV. Laboriosidad vs. InferioridadDesde los 6 hasta los 12 años aproximadamente.En esta etapa el niño comienza la escuela primaria y está ansioso por hacer cosas junto con otros, compartir tareas, planearlas y llevarlas a cabo.
Acá entran en juego las relaciones con los padres, la familia, los maestros y vecinos.
Es la etapa en que los niños aprenden que no solamente existe placer en planear algo, sino también en llevarlo a cabo.
Aprenden lo que es el sentimiento del éxito, ya sea en la casa, en el patio o el aula.
Y si llega a sentir que no es capaz de hacer las cosas bien; por padres o maestros muy exigentes o compañeros negadores, el sentimiento de inferioridad le podría llevar a la inercia.
Otra fuente adicional de inferioridad es el racismo o cualquier otra fuente de discriminación, nos dice Erikson. Ya que si el niño considera que el éxito tiene que ver con quién se es y no con el esfuerzo y el trabajo, entonces, ¿para qué intentarlo?
Por otro lado, una actitud demasiado laboriosa puede llevar a la tendencia mal adaptativa de virtuosidad dirigida.
Estos son los niños que no se les permite ser niños, porque sus padres o maestros los empujan a un área específica, sin permitirles que se interesen por otras cuestiones también.
Por ejemplo; padres que pongan demasiado énfasis en que su hijo aprenda a jugar al futbol, sin permitir que desarrolle otros intereses.
Entonces, la resolución exitosa se da cuando el niño puede desarrollar laboriosidad y habilidad, con un mínimo sentimiento de humildad.
Así logrará virtudes como son la competencia y la habilidad.

V. Búsqueda de Identidad vs. Confusión de rolesDesde los 13 hasta los 21 años aproximadamente.La tarea primordial de esta etapa es lograr la identidad del Yo y evitar la confusión de roles.
Las relaciones significativas son los grupos de pares, los amigos, y los modelos de roles de adultos.
La pregunta de los adolescentes es: ¿Quién soy?
Los padres de los adolescentes se verán enfrentando situaciones nuevas que serán un nuevo reto para su misión orientadora.
En esta etapa son muy importantes los modelos de adultos, la buena comunicación con ellos, y los límites también.
Cuando prevalece el polo de la identidad yoica, lleva al adolescente a tener poca tolerancia, y fanatismo. Ya que creería que su forma de ser y su estilo de vida es lo único que existe, sin respetar el derecho de los demás a pensar diferente o estar en desacuerdo.
Por otro lado, si el polo es la confusión de roles, implicaría desconocer cuál es su lugar en la sociedad y en el mundo.
Cuando no es resuelta positivamente la búsqueda de identidad, podría emerger un sentimiento de repudio, a si mismo y a la sociedad, con actividades destructivas.
En esta etapa, para descubrirse a si mismo, este autor recomienda lo que él llama "moratoria social", es decir, viajar a otros países, con culturas diferentes.
Una solución positiva de esta crisis tiene que ver con lograr una identidad, saber quienes somos y qué lugar ocupamos en la sociedad.
Y la virtud que emerge de la resolución de esta crisis es la fidelidad, la cual se desarrolla cuando hemos encontrado un lugar en nuestra comunidad, y podemos contribuir y aportar algo a la misma.

VI: Intimidad frente a aislamientoComprende la etapa de la adultez jovenLas relaciones significativas de esta etapa son las parejas y los amigos.
Si pudimos llegar a esta etapa, estamos en la adultez joven.
El joven adulto ya no tiene que probarse a sí mismo, como muchos adolescentes.
Y la principal tarea es lograr intimidad, es decir la posibilidad de estar cerca de otros, ya que sabemos quién somos, sin temer "perdernos en el otro".
Es decir, nos vinculamos profundamente con el otro, sin quedarnos atrapados en el vínculo.
Y si hubiera “miedo la compromiso”, denotaría cierta inmadurez.
A la tendencia mal adaptativa de esta crisis Erikson la llama promiscuidad; y se refiere a volverse demasiado abierto al otro, sin profundidad ni respeto por la propia intimidad.
Esto en cuanto a los vínculos de pareja, como de los amigos, compañeros y vecinos.
Y si hubiera demasiado aislamiento, denotaría exclusión o aislación total.
La resolución positiva de esta etapa es el amor, un amor sano y maduro que incluye no solamente el que compartimos en un buen matrimonio, sino también el amor entre amigos, vecinos, compañeros de trabajo y compatriotas.

Etapa VII: Generatividad frente a estancamientoComprende la etapa adultez mediaPeriodo dedicado a la crianza de los hijos.
La tarea fundamental aquí es lograr un equilibrio apropiado entre la productividad y el estancamiento.
La productividad es una extensión del amor hacia el futuro.
Tiene que ver con la productividad una preocupación sobre las futuras generaciones: teniendo y criando los hijos, la enseñanza, la escritura, la inventiva, las ciencias y las artes, el activismo social.
En definitiva, cualquier cosa que llene esa "necesidad de ser necesitado".
El otro polo, el estancamiento, es la "auto-absorción": no cuidar a nadie.
A esta actitud mal adaptativa, Erikson la llama sobrextensión.
Y también es cierto que hay personas que tratan de ser tan productivas que llega un momento en que no se pueden permitir nada de tiempo para sí mismos, para relajarse y descansar.
Al final, estas personas tampoco logran contribuir algo a la sociedad.
Esta es la etapa de la "crisis de la mediana edad", donde uno se pregunta
"¿Qué estoy haciendo con mi vida?, ¿tiene sentido?, ¿es esto lo que quiero para mi?".Por otro lado, una mala resolución donde haya poca productividad y demasiado estancamiento, llevará a una actitud de rechazo, lo que produce una mínima contribución a la sociedad.
Y el sentido de vida justamente se relaciona con qué aportamos a la sociedad.
Si atravesamos esta etapa con éxito, desarrollaremos una capacidad importante para cuidar que nos servirá a lo largo del resto de nuestra vida.

Etapa VIII: Integridad frente a desesperaciónDesde aproximadamente los 60 años hasta la muerte.Esta última etapa, es la etapa de la jubilación y la etapa donde los hijos ya se han ido.
Si no logramos llegar a esta etapa, Erikso
n dice que es porque tuvimos problemas en las anteriores y nuestro desarrollo se retrasó.
La tarea primordial es lograr una integridad con un mínimo de desesperanza.
Primero ocurre un distanciamiento social, desde un sentimiento de inutilidad, debido a que el cuerpo ya no responde como antes, junto a las enfermedades, aparecen las preocupaciones relativas a la muerte.
Los amigos mueren; los familiares también, el o la esposo/a muere, y es inevitable que también a uno le toque su turno.
Al enfrentarnos a toda esta situación, parece que todos debemos sentirnos desesperanzados.
Algunos mayores se empiezan a preocupar con el pasado, porque fue mejor o por sus errores o malas decisiones, y se quejan.
Entonces, algunos ancianos se deprimen, se vuelven resentidos, paranoides, hipocondríacos o desarrollan comportamientos de senilidad con o sin explicación biológica.
La integridad yoica significa llegar a los términos de nuestra vida, aceptando nuestro ciclo vital, y sin temor a la muerte.
La tendencia mal adaptativa es llamada presunción.
Es decir, la persona "presume" o cree que tiene integridad, pero no afronta con sabiduría la vejez. Una mala resolución de esta etapa vital, denotaría desdén, es decir, un desacato a la vida, tanto la propia como la de los demás.
Y con una buena resolución de esta última crisis vital, emerge la sabiduría.

Para reflexionarLos niños sanos no temerán a la vida si sus mayores tienen la suficiente integridad para no temer a la muerte”.
Erik Erikson

BibliografíaErikson, Erik (2000), El ciclo vital completado, Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica.
– (1983), Infancia y sociedad, Buenos Aires: Horme-Paidós.
– (1972), Sociedad y Adolescencia, Buenos Aires: Editorial Paidós.
– ((1968) 1974), Identidad, Juventud y Crisis, Buenos Aires: Editorial Paidós.

Texto publicado en el libro "TRANSITAR NUESTRAS CRISIS", de María Guadalupe Buttera, Editorial San Pablo, 2013
http://www.san-pablo.com.ar/comprar/advanced_search_result.php?search_in_description=1&keywords=buttera